Publicado: Mar, 23 Sep, 2014

Abuso policial en festejo castrista

Nelson Lobaina Castillo La policía arremete brutalmente contra un ciudadano inocente

Mayabeque. En la tarde del pasado 13 de agosto miembros de la policía machacaron a golpes a un ciudadano que participaba de una celebración. El gobierno municipal de Batabanó, provincia de Mayabeque, la organizó en el Circulo Social de la localidad El Sopapo, en honor al onomástico 88 del expresidente cubano Fidel Castro.

Según denunció la víctima del atropello, Nelson Lovaina Castillo, de 43 años, sin advertencia previa, tres agentes de la patrulla matrícula 169 se le abalanzaron a la salida del centro recreativo, derribándolo de un empujón sobre el asfalto. Mientras sorprendido preguntaba qué había hecho, fue pateado durante diez minutos.

“Intenté resistirme porque todavía no me habían informado qué delito cometí para ser tratado de esa manera. Mas al verme superado por la fuerza, empecé a gritar: ¡Viva Fidel! ¡Viva Raúl! ¡Abajo los policías terroristas! Recuerdo que en el último resuello, lo último que hice fue dar un ¡Viva a Fidel!”, comentó Lovaina Castillo.

Con las manos esposadas a la espalda, los gendarmes lo arrojaron al interior del vehículo patrullero con tal fuerza que Lovaina abrió la puerta contraria con el impacto de su cabeza. Y ya camino a la estación de la policía en Batabanó, uno de los agentes le aplicó una técnica de asfixia y en unos segundos perdió el conocimiento.

A pesar que la paliza ya era contundente, junto a su cónyuge, Elieni Rojas Durán, quien pudo presenciar el triste suceso, Lovaina razona que al parecer, inconsciente en el trayecto de ocho kilómetros entre El Sopapo y Batabanó, los agentes continuaron golpeándolo.

Las sospechas se fundamentan en las nuevas lesiones que descubrió al recobrar el conocimiento en el calabozo donde lo encerraran en el Sector de la policía de Batabanó. Sentía gran dolor en la pierna derecha, al lado del abdomen y la cabeza. Los ojos apenas podía abrirlos, rociados con gas lacrimógeno.

En el hospital del municipio San José, los doctores confirmaron que tenía partida la tibia y una importante fractura en el peroné. También diagnosticaron costillas fracturadas y una herida en la cabeza. Además, tenía varios hematomas, uno de ellos en la cabeza, detrás de la oreja izquierda.

Lovaina asegura que varios testigos pueden corroborar que antes de abordar la patrulla “caminaba perfectamente, adolorido en la parte superior del cuerpo, pero las piernas me funcionaban sin dolor. Tampoco tenía la cabeza rota ni los ojos afectados”.

El día 14, internado en el centro de asistencia médica de San José, a reclamos de familiares y amigos, la jefa del Sector en Batabanó decide ponerlo en libertad, mas sin informarle las causas de la detención.

“Todavía no sé qué pasó. Estaba tranquilo, compartiendo con mi mujer y mi hijastro –menor de edad-. Escuchábamos cantar a los repentistas y sé que no hice nada malo. El único roce, asumimos nosotros que el problema se originara de ahí, fue con la jefa de la policía”, relató.

Estaba fumando entre la gente y la oficial, que se encontraba cerca de él, le dijo que el humo le molestaba, por lo que enseguida él se corrió hacia un lado y se volvió de espaldas para que el humo circulara hacia otra dirección.

“Pero aunque se molestara, eso no es motivo para lo que me hicieron”, expresó Lovaina. Se encuentra tan lastimado que no puede abandonar la cama ni siquiera para hacer necesidades fisiológicas. En tal estado, su esposa asumió las gestiones médicas y las demandas legales en contra de los victimarios.

Reclama que en varias ocasiones tanto Rojas como amigos de la familia se han presentado en el Sector para exigir la identificación de los policías involucrados y poder realizar la denuncia. Sin embargo, la propia jefa de Sector se niega a revelarlo, alegando que lo tiene prohibido.

La Oficina de Atención a la Ciudadanía y la Dirección de la policía prometieron enviar pronto una comisión para investigar la situación. Pasados 12 días, acudieron al domicilio de las víctimas, aun esperando respuesta del curso que se le dará a la queja presentada.

El matrimonio teme que intenten restar importancia al asunto. El médico forense que confeccionó el informe de las lesiones les dijo que, en caso de conseguir enjuiciar a los victimarios, no sería posible en menos de cuatro meses.

Aguardando respuestas legales, Rojas desespera cada vez que busca transporte para llevar a su esposo al médico. Las ambulancias no prestan servicio con puntualidad. A veces transcurren dos días desde que la solicitan. Para colmo, la pareja no posee recursos para alquilar un vehículo particular.

A finales de agosto, los doctores de San José descubrieron una infección bacteriana en la pierna rota de Lovaina. Le indicaron una serie de chequeos que no ha podido realizarse por dificultades con la transportación.

“Pasamos un trabajo que no se lo deseó ni al peor de los enemigos. Por eso quiero, exijo, que se haga justicia con los degenerados esos”, reclamó Rojas.

Apenas cuatro días antes del pasaje de abuso en el Sopapo, tuvo lugar el asesinato del joven afronorteamericano de 18 años, Michael Brown, en Ferguson, Missouri. Desde entonces, las críticas de los medios oficialistas del régimen cubano incesantemente fustigan a la policía estadounidense. Deberíamos poner nuestras bardas en remojo, porque lo sucedido con Lovaina Castillo no es un hecho aislado. En el mismo escenario, el día 17 de agosto, otro grupo de policías golpeó tan fuerte a un joven que testigos presenciales aseveran que vomitaba sangre.

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