Publicado: Mar, 23 Sep, 2014

Empeoran las epidemias en Villa Clara

Aguas Albañales corre por las calles Las condiciones higiénicas hacen crisis en la ciudad de Marta Abreu

Santa Clara. La higiene y epidemiología en la Cuba de hoy no pasan de ser un descalabro. Regresan a escena enfermedades que los nacidos después de 1959 no conocían: tuberculosis, cólera… Y hasta ya parece que el mosquito Aedes Ahegipty prácticamente pasó a ser parte de la familia cubana.

Aun así, todavía hay quienes creen que existen mejoras en este sentido, como es el caso de los representantes del Departamento de Higiene y Epidemiología en la provincia de Vila Clara. Para estos funcionarios, en cuanto se refiere a enfermedades infecto-contagiosas, la situación ha mejorado.

No se logra comprender a qué mejoras se refieren si al mismo tiempo se refieren a la problemática de la escases de agua potable y a la proliferación de vectores como el mosquito y los roedores dentro de la ciudad.

El agua potable que cotidianamente consume la población de la ciudad de Santa Clara ya ni siquiera tiene olor a cloro. Al menos es así para los vecinos del barrio de Virginia. Ya no sólo tienen que conformarse con las demoras en el abasto. Ahora se le suma el color turbio del agua, que en ocasiones tiene mal olor y llega mezclado con tierra.

La microbióloga Linda Rosa asegura que en todos los municipios periódicamente se realizan pruebas de muestreo del agua, y que porque el agua tenga mal olor no significa que está contaminada. Además, acepta que es cierto que tenemos problemas con el abasto del preciado líquido y que no siempre nos llega con la calidad requerida, pero que eso no quiere decir que no esté apto para el consumo humano.

El licenciado en Higiene Epidemiológica Javier Gómez Machado, confirmó que el acueducto de Santa Clara se encuentra en estado deplorable y que se necesita realizar una gran inversión para resolver el problema de la contaminación del agua. Pero que hasta tanto eso no ocurra, se debe seguir clorando el agua, o añadirse la solución de hipoclorito de sodio, aunque para evitar males mayores, él recomienda que se hierva antes de consumir.

Agregó Gómez Machado que en el caso particular de Santa Clara se realizan muestreos por los barrios de la ciudad, que se clora el agua y que emerge del tanque del acueducto con los niveles permisibles de sustancias impuras, pero que existen otros problemas producidos por los salideros en las conductoras, y que estos salideros constituyen un factor de riesgo para una epidemia real.

Cualquier transeúnte que deambule por la ciudad de Martha Abreu, con sólo observar las calles transformadas en pequeños riachuelos, se percata fácilmente a qué barrio se le está ofertando agua. Cuando cortan el suministro, por estos salideros en las conductoras que nos advierten sobre la llegada del líquido, se introducen todos los contaminantes que arrastran las aguas negras que vemos en las calles.

A la problemática de la contaminación del agua potable se suman las fosas sanitarias. Santa Clara posee varias zonas dentro del sector urbano residencial que no cuentan con un alcantarillado. Por decenas de años los desechos se han acumulado en fosas que van colapsando por el deterioro de muchos años de explotación y por el ineficiente trabajo de la Empresa de Servicios Comunales, entidad encargada de su limpieza.

Como desesperada solución, vemos que en varios lugares de la ciudad se vierten drenajes de las fosas a las calles, y ya hay vías por las que transitar constituye una invitación a las epidemias. Esto lo ven a diario los funcionarios de epidemiología, pero nada comentan al respecto. Muy por el contrario, aseguran que las enfermedades diarreicas agudas (EDA) tienden a normalizarse.

Así lo publicó la prensa plana del territorio, aseverando que sólo han ocurrido algunos casos que continúan incidiendo en Santa Clara, Placetas, Quemado de Güines y Zagua la Grande. Mientras tanto, fallecen personas por cólera, leptospirosis y otras enfermedades infectocontagiosas.

La zona más crítica se encuentra en las áreas que atiende el policlínico “Martha Abreu”. Allí, el Ministerio de Salud Pública ha aglutinado brigadas compuestas por médicos, enfermeras, estudiantes de medicina y personal de la campaña anti vectorial, conformada por unos jóvenes que están pasando el servicio militar en esta labor.

La doctora Griselda Liranza, directora del mencionado policlínico que lleva el nombre de la benefactora de nuestra ciudad, asegura que si los tanques de agua se cepillan cada siete días, no nacen los huevos del mosquito. Y afirmó que los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) tienen que limpiar sus áreas, y que sólo así se acabará con ratas y mosquitos.

Mientras tanto, continúa el contagio. Las calles siguen haciendo unas veces de río, otras de alcantarillado, y ni la Empresa de Acueducto y Alcantarillado, o de Servicios Comunales, hacen nada al respecto por intentar mejorar el entorno. Toda la responsabilidad recae en los “esforzados cederistas”, los que al parecer esta vez no desean ejecutar el trabajo que corresponde a las mencionadas entidades.

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