Publicado: Mar, 23 Sep, 2014

La sustitución de importaciones crea desabastecimiento

T3 La Habana. Cualquier país que decida aplicar una estrategia de sustitución de importaciones debe de contar con una industria nacional capaz de producir la mayoría de los bienes de consumo que necesita la población, así como los bienes intermedios que precisa la propia industria. En el caso cubano, empero, no sucede de esa manera.

La situación se torna más contradictoria si consideramos que la política castrista de “sustitución de importaciones” no se inscribe solamente como una táctica coyuntural motivada por las carencias financieras de la economía cubana. Más bien podemos contemplarla como una estrategia que reniega del libre comercio, calificado por la propaganda oficialista— al igual que el resto de los personeros de la extrema izquierda latinoamericana— como un arma de las “malvadas políticas neoliberales”. A continuación veremos algunos de los perjuicios ocasionados por ese afán gubernamental de minimizar las compras en el exterior.

Notoria resultó la escasez de frazadas de piso que padecimos hace alrededor de dos años. Los planificadores oficialistas, calculando que había inventario suficiente de frazadas en almacenes, y también con el ánimo de congraciarse con las instancias superiores del aparato de poder, optaron por no incluir las frazadas de piso en el plan de importaciones. Comoquiera que el referido cálculo de las existencias resultó errado, y que la industria nacional no era capaz de cubrir la demanda de ese producto, sobrevino el desabastecimiento en los mercados.

Con ninguna de las dos monedas se conseguían frazadas de piso. Nuestras amas de casa tuvieron que limpiar sus hogares con toallas, pulóveres y otras prendas de vestir. Mientras tanto, los revendedores “hacían la zafra” en la bolsa negra— a precios que duplicaban o triplicaban los oficiales— con cualquier frazada que apareciera.

Ahora, en el actual 2014, los recortes financieros limitaron las importaciones de materia prima por parte de la empresa Suchel, lo que provocó sensibles disminuciones en la producción de varios surtidos de esa entidad. Importantes Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD) como La Época, Plaza Carlos III y La Puntilla han reportado escasez de desodorantes, papel higiénico, perfumes, talcos, colonias y máquinas de afeitar.

Por otra parte, en los Mercados Artesanales Industriales (MAI) de la capital— que venden en moneda nacional— han faltado casi por completo los desengrasantes, los desincrustantes para la limpieza de baños, el salfumán y las lejías de cloro. Otros surtidos como los jabones de tocador y lavar, el detergente líquido y la pasta dental tampoco han mostrado estabilidad en los estantes de las tiendas.

Y no hace mucho la prensa oficialista (edición del 1ro de agosto del periódico Granma) informaba acerca del porqué de la insuficiente cantidad de pescado en nuestro país. Sucede que la disminución de las importaciones, además de la pérdida de las zonas de pesca en aguas internacionales, y la sobreexplotación de la plataforma cubana, han hecho que de 200 mil toneladas de pescado que se disponían en la década del 80, hoy solo se cuenten con cerca de 37 mil toneladas.

En el caso específico de las importaciones, de 61 mil toneladas que se compraron en el año 2004, en el pasado 2013 se adquirieron únicamente cinco mil toneladas, de las cuales la tercera parte fue destinada al turismo. Ello explica el contrasentido que afronta nuestra población en un país rodeado de agua: se recibe pollo por pescado.

Sea de una u otra manera, esta obsesión de disminuir las importaciones pone en tela de juicio, una vez más, aquella sentencia que repetían mis profesores universitarios: “La ley económica fundamental del socialismo es la satisfacción de las necesidades siempre crecientes de la población”.

Orlando Freire Santana

Orlando Freire Santana es periodista independiente

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