Publicado: Mie, 17 Sep, 2014

Los cien años de Nicanor Parra

Libro de Nicanor La Habana. El poeta chileno de mayor prestigio después de Neruda, el señor de la anti poesía, acaba de cumplir un siglo.

Nació en Chillán, Chile, el 5 de septiembre de 1914, año en que también nacían Octavio Paz, Julio Cortázar y Onellio Jorge Cardoso. Gobernaba en su país Barros Luco. Se fundaba el Partido Nacionalista. Colombia reconocía la independencia de Panamá. Comenzaba la primera guerra mundial.

Su vida es desconocida en el mundo de las letras hasta 1935, cuando en compañía de Jorge Millas edita Revista Nueva, donde publica un anticuento, El gato en el camino, y un ensayo, El ángel. Pero no es hasta 1937, que publica Cancionero sin nombre, cuando es reconocido como uno de los grandes poetas del futuro, al obtener el prestigioso Premio Municipal de Poesía.

Ese año se suicidaban en Argentina Alfonsina Storni y Lugones, y César Vallejo moría en París. El Partido Socialista chileno celebraba su V Congreso y se legalizaba el Partido Comunista en Cuba, sucesos que sin dudas inclinaron su simpatía socialista en el joven poeta Nicanor, llenos de sueños de caminos.

Sin embargo Nicanor, que se había graduado de ingeniero, continuó estudios técnicos de Matemática y Física en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Estudió hasta 1945 Mecánica Avanzada en la Universidad de Brown, Rodhe Island, EE UU. En 1948 es nombrado Director Interino de la Escuela de Ingeniería y en 1949 viaja por Estados Unidos y es discípulo en Oxford del cosmólogo Milner. Con todos estos escenarios antipoéticos, era de esperar que el poeta convirtiera las hipotenusas en metáforas y en imágenes los cosenos.

Al año siguiente publica Poemas y antipoemas y obtiene nuevamente el importante Premio Municipal de Poesía, con Coplas del vino, también recibe el primer premio en la semana de Vendimia y el premio en el Concurso de la Semana Valdiviana. Luego publica los libros La cauca larga y Versos de salón.

En 1963 viaja por la Unión Soviética y la República Popular China, con una ya definida postura integracionista.

En 1965 llega a La Habana, donde integra el jurado del Premio Casa de las Américas y hace muchos amigos. Imparte un memorable seminario en la recién creada Unión de Escritores de Cuba, donde rediseñó los secretos de la poesía y el odio necesario contra los versos manidos.

En el auditorio había un grupo de jóvenes, poetas ávidos por romper mitos, entre ella nuestra colega Tania Díaz Castro, colaboradora de esta página, que conoció personalmente al poeta.

Me cuenta Tania que de ese seminario nacieron muchos libros, incluso uno de ella, Todos me van a tener que oír, de anti poesía. También el de José Yánez, Permiso para hablar, y el de José Mario, director de la editorial El Puente, más tarde preso en las Unidades Militares de Ayuda a la producción, –UMAP–, y otros poetas que después marcharon al exilio, o sufrieron marginación y censura.

En 1968 Nicanor Parra regresa a Cuba, asiste como Delegado al Congreso Cultural de La Habana, es su última visita, ya era un Nicanor distinto, dice Tania: ¨Estaba en contra del encono de la revolución contra su vecino del norte. Se hizo famoso con una frase, que lo sepultó para siempre de la isla: ¡Cuba sí, yanquis también…! Había dejado de servir a los intereses socialistas, como anti poeta y como luchador por las causas justas¨.

Pero Nicanor llevaba en las venas el arte, como su hermana Violeta Parra, y olvidó los números, las ecuaciones, y también la incomprensión y el olvido, desde 1973 ejerció como profesor, junto al también poeta Enrique Lihn, en el Departamento de Estudios Humanísticos.

Sus obras posteriores, Poemas para combatir la calvicie, Coplas de navidad, Antivillancico, Canciones rusas, Hojas de Parra y Chistes para desorientar a la policía, lo consagraron para siempre entre los más destacados poetas de las letras universales.

El 23 de abril de 2012, la academia lo honró con el Premio Cervantes, la más alta distinción para las letras de la lengua española. Nicanor no asistió a la ceremonia, conservando el primitivismo y el siempre reencuentro con lo espontáneo y lo popular, razones esenciales de su estilo, ese día, con sus 98 años, se fue a pescar en un bote a una laguna. Envió a su nieto a la ceremonia de entrega del premio, con una nota, que ya es famosa, consistente en dos preguntas con sus respuestas:

–¿Se considera acreedor al Premio Cervantes?

–Claro que sí.

–¿Por qué?

X un libro que estoy X escribir.

Su único libro publicado en Cuba fue Poemas de Nicanor Parra, 1969, Colección Literatura Latinoamericana, de Casas de las Américas. Un viejo ejemplar de aquella edición lo tengo ahora delante. Me lo ha prestado Tania, para escribir esta nota. En la primera hoja leo una dedicatoria que le hizo el poeta para ella. Para mi amor, grande, encantado. N. Parra.

Frank Correa

Frank Correa es periodista independiente y miembro de APLP

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