Publicado: Mie, 3 Sep, 2014

Mentiras y desinterés oficiales precipitan la muerte de un anciano

 

IMG_0319 Responsables del sufrido final son la indiferencia e irresponsabilidad de un alto funcionario administrativo y las instituciones regionales.

La Habana. Armando Alfonso Martínez era un jubilado de ochenta y ocho años luego de ejercer de maestro por medio siglo. No tenía familiares.

Alfonso residía en Agramonte número 569, entre Pasaje B y Anillo del Puerto municipio, Regla la Habana. El 1 de agosto de 2014, en horas de la noche, se inició un incendio en su casa. El fuego fue detectado por la vecina colindante, Nilda, quién de inmediato llamó al cuerpo de bomberos del municipio, el Comando 9. Dos camiones cisternas acudieron al sitio y los bomberos la emprendieron por eliminar el fuego.

El siniestro logró ser sofocado pasadas dos horas. Alfonso fue rescatado de entre las llamas. Sufría quemadas en ambas piernas como resultado de su esfuerzo por apagar los muebles incendiados.

Al lugar del accidente también acudieron dos patrulleros de la policía. En uno de ellos, la patrulla número 1092, el accidentado fue trasladado al policlínico “Lidia y Clodomira”, ubicado en este municipio.

El anciano fue curado en el cuerpo de guardia del centro asistencial y de inmediato enviado de vuelta a su domicilio, con la recomendación de que regresara al día siguiente, mas sin otra orientación ni medicación adecuada a su lastimoso estado.

La vivienda quemada quedó sin luz eléctrica, y todo en la cocina, comedor y dormitorio fue devorado por las llamas, incluyendo las ventanas y puertas de esos locales.

Luisa, vecina próxima a Alfonso, nos comenta. “Pensé que el balón de gas explotaría. Por suerte no sucedió. Después del incendio, ese señor no habló más. Estaba como atontado. Durmió dos días en lo oscuro, y se sostuvo gracias a Lucia, otra vecina, que le dio de comer”.

Y precisamente otra solícita vecina, Carmen, llamó a la compañía de electricidad, para que revisaran los cables eléctricos y reinstalaran el fluido eléctrico en la casa de Alfonso. Pero el personal de la compañía dio como respuesta que ellos no trabajan dentro de las viviendas. No se molestaron en escuchar los reclamos del anciano.

María, vecina de Alfonso, nos dijo. “Llamé al Puesto de Mando del Gobierno Municipal e informé del desamparo en que se encontraba Alfonso Martínez. Me recibió la comunicación un señor nombrado Alberto. Él me prometió que al día siguiente, sábado 2, lo comunicaría a la Presidencia del Gobierno”.

Sin embargo, nadie se presentó en la casa del anciano el día señalado. El lunes 4 María volvió a solicitar la ayuda de los funcionarios del Gobierno. El vice-presidente, de nombre Yemel, le aseguró que “ya estabaactivado el sistema”, que esperara a que la trabajadora social visitara al desvalido Alfonso.

Al ser las tres de la tarde de ese día, y comprobar que nadie había venido a ver a al anciano, María verifica lo que el vice –presidente le dijo, y comprueba que todo lo que le había dicho era mentira. Los organismos del sistema desconocían lo sucedido en el territorio. Sólo después que María se comunicara e informara a la directora de Servicio Social, está envío una inspectora, alegando que nadie del gobierno le había dicho nada de este grave caso.

El médico de la familia estaba de vacaciones, y la enfermera no se presentó en la vivienda a interesarse por el paciente con quemaduras. Mas ante la gravedad del anciano y gracias a la insistencia de María, el Sistema Provincial de Ambulancia acudió a recoger a Alfonso Martínez a las 10: 45 de la noche del lunes.

Fue trasladado al Hospital Clínico Quirúrgico Calixto García, a la Sala de Quemados, en el Servicio de Terapia. Se le diagnosticó en estado muy grave, con criterio médico reservado.

María llamó al Área de Salud, habló con la doctora encargada de quejas de la población, de nombre Maricela, la que le aseguró que el vice-presidente en ningún momento dijo nada sobre este anciano lesionado.

El anciano no aparecía registrado en la hoja de cargos en el cuerpo de guardia médica a donde primero fuera llevado. Por otro lado, la delegada de la zona donde reside Alfonso, pese a que conoció de los hechos por los vecinos, no se interesó por su elector, el que permanecía en estado de gravedad.

Pasados diecinueve días, el anciano negro, “el profesor”, como muchos lo llamaban, falleció en el hospital. Sólo tres de sus vecinos lo lamentaron y lloraron, acompañando su féretro hasta donde descansará para siempre. Ese mismo día la policía se presentó en la casa para investigar el incendio. No se conocen las causas que lo produjo, el anciano nunca habló sobre ello.

La Revolución no deja desamparado a nadie”, dijo el llamado “líder histórico” de la Revolución. ¿Por qué lo diría?

 

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