Publicado: Mie, 3 Sep, 2014

“Nos estamos quedando solos”

IMG_7466 Con un país desolado como perspectiva de vida, ¿hay futuro para el amor y una familia en Cuba?

La Habana. Amanece el domingo y La Habana es un reguero de fantasmas alcoholizados y tristes regresando a sus guaridas. Racimos de gente joven, la mayoría varones, esperan el ómnibus en las paradas, muchos de ellos solos. Las chicas de la noche del sábado buscan en su mayoría las tres siglas J.B.D (Joven, Bonito y con Dinero). Lo de joven lo pueden pasar por alto, incluso lo de bonito. Pero el dinero y el carro no pueden faltar. Los chicos que esperan el ómnibus no reunieron esos requisitos. Son las reglas del juego en la vida social de la Cuba actual.

Por otra parte, basta ver una cola para visado en embajadas de la capital. La mayoría son mujeres. Cuba se convierte en un país de espectros solitarios y envejecidos.

“La distancia nos va a separar, porque tiene poderes definitivos” (Gerardo Alfonso, trovador cubano)

Daniel despidió a su novia, la que fue a reunirse con sus padres en los Estados Unidos. Ella lo abrazó muy fuerte, como si quisiera dejarle un pedazo de su corazón adentro. Ambos saben que la distancia es implacable.

“…Y creer que se puede esperar, es besarse a través de un cristal donde solo se siente silencio y frio”, cantaba Gerardo Alfonso en los 80s. De entonces acá, la ley migratoria ha cambiado pero los dilemas del desarraigo siguen siendo los mismos:

-Me tengo que adaptar a la idea de que la vida continúa. Que ella va a hacer la suya allá y yo tendré que seguir con la mía…Pero esto es muy duro, muy duro- confiesa el joven con la voz entrecortada y los ojos vidriosos. -Aquí solamente hay futuro para la gente del gobierno, los generales y sus familias.

-El cubano de a pie, o se va o se resigna a vivir como un perro sarnoso- afirma Daniel- Ella me lo advirtió, que sus padres estaban en el proceso legal para que ella se les uniera en EE UU. Ahora el procedimiento con la Oficina de Intereses en La Habana va más rápido que en otras épocas. Yo sabía que esto era inevitable.

Vale la pregunta: ¿Y si ella y tú se mantienen conectados? ¿Hay esperanzas?

-No lo sé- responde-. Sus padres pasaron por algo parecido, y cuando aquello no había email ni Facebook. Sin embargo lograron reunirse. Se esperaron el uno al otro. Estos son otros tiempos, es otra manera de vivir y relacionarse, más pragmática y menos apegada- argumenta Daniel, y añade-: Lo que nos unió es muy fuerte, pero la distancia es implacable. La vida allá es rápida y te coloca todo el tiempo frente a decisiones que significan avanzar, sin mirar atrás. Su vida va a cambiar y en este minuto no sé si alimentar la esperanza de que no me olvide, o seguir con mi vida…

“Sombras amarillas en el mar”. (Polito Ibáñez, trovador cubano).

Cuando se conocieron en el malecón de La Habana, él era un profesor universitario y ella una ex – jinetera casada con un italiano. Les unió lo mismo, las ganas de curarse la soledad. Ella atrapada en la espera para reunirse con su esposo en Milán; él buscando algo con su vida en una ciudad que muere de ausencias y desamor.

Cuando llegó la hora de decir adiós, él intentó no cargarla con el dolor de su corazón. Hicieron el amor como si fueran a morirse al otro día. Ella partió a su nueva vida y él quedó aquí, frente al mar, buscando en vano un rostro que se la recuerde:

-La sensación de vacío es como un cuchillo clavado en el pecho- dice él, y añade-: Nadie se libra de pasar por esto, tarde o temprano sucede. Lo triste es que cada día estoy más solo, porque cada vez que miro a una muchacha, lo que veo en sus ojos es un plan de fuga…

Se queda un instante en silencio, distante. Luego, como reflexionando en voz alta, agrega:

-Para muchas mujeres, los hombres en Cuba somos una solución pasajera. No tenemos mucho que ofrecer, salvo sexo, un poco de dinero y algo de compañía. El tiempo pasa, el país envejece y nosotros también. Temo llegar a los cuarenta sin poder hacer una familia… He visto lo que pasa con los que llegan a esa edad sin una relación establecida. Las jóvenes persiguen a muchachos de su edad. Para ellas, eres “un viejo horrible”. Por su parte las “tembas” lo que codician es a tipos jóvenes que les suban la temperatura y el biorritmo. O sea que el saldo final es jodido, estás solo y “en tierra de nadie”.

Noche de sábado, amanecer del domingo. Unos pagan la cuenta y obtienen compañía. Otros ahogan la soledad en la resaca alcohólica.

Jclb422010@gmail.com

 

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