Publicado: Mie, 10 Sep, 2014

¿Sociedad en climaterio?

Foto Odelin-Indigente en el municipio 10 de Octubre ¿Por qué la cubana de educación calificada prefiere no laborar para el Estado?

La Habana. Hace unos cuantos años en la ciudades del país había un porciento elevado de mujeres trabajadoras y un número más bajo de amas de casa. A la naciente Revolución le hacía falta el apoyo incondicional de la mujer en los menesteres políticos, económicos y sociales.  Féminas de la ciudad y del campo, blancas, negras y mulatas conformaban el enorme caudal de pasión revolucionaria, inteligencia y energía, que junto al hombre aportarían al desarrollo económico de nuestro país su granito de arena.

Sin embargo, en el presente esta relación cambió. El porciento de amas de casa se elevó con relación al de las trabajadoras, cuando debía ser lo contrario pues en los últimos 56 años muchas mujeres estudiaron en el nivel medio y superior. Ese grupo, el de las “nuevas amas de casa” está conformado por mujeres en edad laboral.

¿Cuáles serán las causas para que tantas mujeres con preparación profesional no se incorporen al trabajo, si los precios del mercado de consumo son elevados y el aporte económico de la mujer en el hogar es necesario, casi imprescindible?

El desempleo entre las mujeres, que no parece registrarse con una cifra definida, se percibe tanto en cualquier barrio de La Habana como en diversas provincias y municipios. Debe haber investigaciones sobre el particular, pero los resultados y las reveladoras cifras no son de dominio público. Según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), en su informe de 2011, existe una población de féminas en edad laboral de 3, 214,0, de las cuales 1,945,0 son empleadas del Estado.

¿No interesa al Estado conocer esta problemática para darle solución?  ¿Cómo se explica esto si en los Lineamientos del Partido Comunista se plantea la necesidad de contar con mano de obra calificada con el propósito de promover renglones estratégicos para el desarrollo del país?

Margarita Jiménez tiene 42 años.  Aunque es graduada de Técnico Medio en Veterinaria de la provincia de Villa Clara, no está laborando en su profesión.  Cuando le pregunté al respecto, respondió: –“¿Para qué estar metida con los animales, si mi marido me mantiene y tengo de todo? Además, me ocupo de mis hijos y de mi casa, por no decirte que le hago compañía a mi madre.”

Niurka Benítez tiene 45 años y es graduada en Técnico Medio en Contabilidad de la provincia de La Habana. Ella afirma: -“No me gusta trabajar fuera de mi casa. Yo tengo un alquiler de películas que me da para vivir a mí y mi familia, y con eso ayudo a mis padres. Y tengo tiempo para atender a mi hijo, mi esposo y mi casa. Si estuviera en un trabajo fuera 8 horas diarias ganaría poco, porque no me gusta robar. Y para cuando llegara a la casa no tendríamos tiempo ni para comer, o en fin poder atender lo que es mío. En los tiempos del “Período Especial” y teniendo un niño pequeño, con carácter obligatorio por el trabajo tenía que ir quince días al campo, y sin consideración ninguna.  Al Sindicato no le importaba mi situación. Lo único que le interesaba era que yo fuese un punto más para ganar méritos”.

Mercedes Barquín tiene 50 años y es pedagoga de provincia Granma. Acongojada al abordar el tema, me dijo: -“Yo tuve que dejar el trabajo porque mi madre se enfermó y estaba encamada. Al no tener quien me la cuidara, tuve que coger licencia sin sueldo. El salario no me alcanzaba para pagarle a alguien y que la cuidara. Y así estuve hasta un día que me llamaron del centro donde laboraba y me dijeron que no podía continuar de esa forma porque por Ley no me tocaba y podía perder el puesto. Tuve que regresar y mis hijos muy jóvenes cuidaron de mi vieja. Claro, el dinero del salario me hacía falta, aunque no cubría absolutamente mis necesidades. Cuando mamá falleció, me fui del trabajo. Nunca pude entender ese trato. No había una normativa que me amparara en un momento en el que necesitaba todo el apoyo del mundo. Ella era del Partido Comunista de Cuba y trabajó hasta los 67 años. Y yo pensé: ¿a cuántas actividades productivas fui? ¿Cuántos pasos al frente tuve que dar? ¿Cuántas donaciones de sangre ofrecí cuando joven?  Mi madre era la que atendía ese frente en el CDR y había que dar el ejemplo. Por eso no quise continuar laborando.

Aurora Gómez, tiene 28 años y 12 grado de nivel escolar. Ella comenta: – “Yo trabajo para una peluquería particular. Me aporta más dinero que si estuviera en un centro de trabajo cualquiera, pasando trabajo con el transporte, el calor, salario bajo, etc. En fin, que estoy cómoda así y me siento bien. Además no tengo que pagar Sindicato, ni MTT (Milicias), y total que no sé ni para dónde va eso. Mucha exigencia y para el trabajador nada. Los jefes se lo llevan todo.

Estas y otras muchas cuestiones han coadyuvado a que gran parte de las mujeres con preparación educacional y profesional hayan dejado de interesarse por el avance económico del país y piensen en su familia, su tranquilidad y su bolsillo.

 

 

 

 

Escribir un comentario

XHTML: Ud.puede utilizar los siguientes tags html: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>