Publicado: Mar, 21 Oct, 2014

Detrás de la fachada del ébola

Foto tomada de Internet La Habana. Mientras el diario Washington Post resaltaba la ayuda del gobierno cubano para frenar el virus del ébola en Sierra Leona, Juan Enrique, un albañil de 43 años de edad, agonizaba en una cama del hospital capitalino Calixto García a causa de un diagnóstico errado y otras deficiencias que ocurren regularmente en la mayoría de los centros de salud del país.

La nota del prestigioso medio de prensa fue comentada en la edición de día 6 de Octubre del periódico Granma. El artículo le viene como anillo al dedo a las autoridades que no pierden oportunidad para mantener vigente la matriz de opinión respecto a la excelencia de los servicios médicos tanto dentro como fuera de la Isla.

La iniciativa de enviar 165 profesionales a la nación africana para luchar contra la epidemia se inserta dentro de una política a través de la cual se le hace honor a la frase “matar dos pájaros de un tiro”.

Con la ayuda, solicitada telefónicamente a Raúl Castro por el Secretario General de la ONU Ban Ki moon, el régimen de La Habana obtuvo nuevas cuotas de legitimidad en la arena internacional a la vez que reforzó los canales para la exportación de su ideología. Cientos de especialistas actualmente cumplen misiones en varios países del Tercer Mundo.

Por ningún lado aparecen los deslices que provocan un considerable número de muertes cada año en la red hospitalaria nacional.

Las pifias y la indolencia de directivos y empleados del sector son en todo caso mentiras contrarrevolucionarias. Nunca hechos como el de Juan Enrique o los viejitos desnutridos y sin familia que no tienen recursos para comprar la simpatía del personal o caen bajo los escrutinios de rutina de estudiantes mediocres o profesionales que hace tiempo olvidaron el principio de trabajar con amor y dedicación.

Ese esplendor que le endilgan a la salud pública en Cuba se deshace ante las manifestaciones de una crisis que no parece tener fin.

Los familiares de Juan Enrique se quejaban del poco interés mostrado el día en que llegó al hospital con un intenso dolor en el abdomen.

“Hubo mucha demora en atenderlo. Además de que la valoración fue muy superficial. Ahora está desahuciado”, dijo su esposa.

Otros parientes alegaron que padecía una grave enfermedad hematológica, pero aseguran que la trombosis mesentérica que lo mantiene al borde de la muerte pudo haberse evitado.

Llama la atención el lío que se armó a instancias de un ritual de santería que hicieron los acompañantes de un paciente que también agonizaba en el mismo local.

El lanzamiento de un pollo degollado y cubierto de cintas rojas en uno de los pasillos, con la idea de salvar al paciente, desató un altercado entre las familias que casi termina en una riña tumultuaria.

Los rituales para espantar los malos espíritus se logró hacer mediante el pago a la enfermera de turno, según expresaron las fuentes.

Toda esta suma de desencuentros, con las pinceladas folklóricas incluidas, conforman los patrones de marginalidad y oscurantismo que distinguen a una sociedad en quiebra.

Antes de concluir, hay un detalle que abre las puertas a la duda. ¿Por qué Granma no reprodujo íntegramente el texto del Washington Post?

¿Qué se esconde detrás del escamoteo?

oliverajorge75@yahoo.com

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