Publicado: Mar, 28 Oct, 2014

Embargo y peligro

Embargo La Habana. Es bien complicado el tema del exilio-pueblo en la isla para tenerlo como base de análisis en pro y contra del embargo comercial y financiero norteamericano a Cuba.

Debido a razones directas o que constantemente se escapan al limbo controlador de lo que se denomina Revolución Cubana, ambos grupos en parte han evolucionado, mas también han sido conservadores. El viejo exilio porque se fue y, pese a su dolor, mantuvo una visión de Cuba demasiado antigua, tornándose esquemática. Y el otro exilio, el que en un goteo cada vez más impresionante se sigue marchando ante el traumático fracaso de un proyecto nacional fosilizado, aunque ya es un pueblo distinto debido a la adaptación al nuevo medio, también escapa con muchos prejuicios de la realidad nacional, y sobre todo norteamericana. Las dos son visiones prejuiciadas respecto a lo qué realmente es y qué peso real tiene en la balanza mundial este pedazo de tierra tan controvertida, y también de lo que es el mundo, y especialmente los USA.

Una vez integrados al exilio, se enfrentan a una nueva vida a diario, repleta de eventos e ineludibles decisiones personales, buenas y malas, y de reveses y oportunidades, bien distintos a la robotizada existencia de la isla. Y progresivamente, a medida en que se van sumiendo en esa nueva realidad, ésta los va haciendo abandonar los esquemas con los que se fueron referentes a dónde están.

Pero bien poco les cambia los de dónde se marcharon.

Y es que no se puede desestimar a la ligera el terrible y duradero efecto que ha tenido el aislamiento y la desinformación del régimen cubano sobre la mayoría de la población que en más de cincuenta años nació en la isla. Es un proceso absoluto, duradero, marcando profundamente con improntas inconscientes. Hasta puede que ya sean imborrables para la mayoría. Como resultado, y de diversas maneras, eso impide aquilatar con realismo, sin emocionales apasionamientos patrioteros, la visión sobre el país que abandonaron y la limitación de aislamiento con USA que le aplican.

Aquilatar una decisión sobre el sostenimiento, cese parcial o absoluto del embargo basándose en la opinión que pueda tener esta masa prejuiciada en ambas orillas, de alguna manera tergiversa más aun una situación política demasiado deformada por la propaganda y el inevitable esquema que produce el tiempo de su establecimiento. Lo racional sería analizar los hechos que lo originan y conforman. Primero, el más visible y su causa: el despojo y estatización sin compensación de las propiedades norteamericanas en Cuba; segundo, el soslayado, pero mucho más vasto y traumático: el constante despojo y estatización forzosos de la vida de los habitantes de la isla; y finalmente el tercero: el mismo grupo apoltronado en el poder sobre Cuba desde 1959.

Por esta simple constancia, este no puede ser un gobierno o un Estado normales, pese a lo mucho que sea proclamado en las tribunas mundiales y que tantos convencidos, por buena o mala voluntad, se empeñen en defender su “normalidad” a nivel internacional. No pone en constante práctica comportamientos y decisiones racionales y responsables, sino de clase. Es un Estado en extremo centralizado e intolerante. Pese al creciente fracaso de su proyecto de país, constantemente aplica la represión y el terror para excluir otros proyectos de nación. Además, es el modelo de sociedad militarizada más antiguo y perenne de toda la historia de un continente que se ha sobrado en ejemplos similares.

Si ese Estado cubano aun se queja y está tan interesado en librarse de un “criminal” embargo que impide el libre trasiego de mercancía, servicios e información, debe abandonar la práctica de impedir que sus ciudadanos lo logren por su cuenta. Hay algo bien contradictorio en esto de proclamar a su pueblo abusado por un “feroz bloqueo” y al mismo tiempo reforzar hasta límites ridículos tantas regulaciones que impiden a los mismos nacionales importar mercancías, servicios e información de todo tipo, incluso de la inmensidad que no produce el país. Ante esta prueba evidente de lo que logra el ingenio nacional, y no la burocracia centralizada, es bien revelador por qué no se apruebe una legislación que facilite este trasiego y comercialización privados en un significativo volumen.

Quizá anular el embargo parezca lógico y racional dentro de la actual política norteamericana, aunque únicamente considerando un estrecho punto de vista histórico, humanitario y de aparente conveniencia económica y comercial. Mas sería una mira bien corta.

En concordancia con su inmovilismo, el régimen de la isla, más virulento que nunca, continúa empeñado en hacer metástasis y todo el daño posible a su ” histórico enemigo ideológico” y al modelo democrático continental. Esa es su única premisa. No importa el bienestar de esta nación, sino el del grupo de elegidos y privilegiados, una clase egoísta, explotadora y constantemente repletada por odio y miedo. Quitarle el embargo sería como liberar un animal rabioso de un encierro parcial, con huecos y herrumbroso, pero aun en pie y sin permitirle hacer todo el daño que podría suelto. No se puede improvisar con algo así, falsamente esperanzados en encontrar raciocinio, buena voluntad y responsabilidad dónde no los hay.

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