Publicado: Mar, 28 Oct, 2014

Lech Walesa y el problema cubano

Foto tomada de Internet-Lech_Walesa_-_2009 La Habana. Recientemente el ex mandatario polaco y Premio Nobel de la Paz 1983, Lech Walesa prometió ayudar a la oposición cubana en sus esfuerzos por lograr un cambio hacia la democracia.

No es la primera vez que lo hace públicamente, sin embargo es poco lo que puede hacer más allá de las sugerencias y alguna que otra acción simbólica.

El asunto estriba en las posibilidades que existen dentro de la Isla para hacer más efectivos los proyectos a favor de un cambio. Diversos factores han impedido el desarrollo y consolidación de agendas a menudo muy ambiciosas.

Entre los retos a alcanzar está la articulación de las diferentes agrupaciones por encima de personalismos e intereses, a menudo divorciados de los fines comunes. Por otro lado aparece la represión del régimen que al ser selectiva y de baja intensidad logra burlar las alarmas de la opinión pública internacional.

Hace tiempo que el gobierno no recibe una condena ejemplarizante debido a las sistemáticas y flagrantes violaciones a los derechos humanos.

También el constante éxodo de nacionales hacia diversos países, fundamentalmente para Estados Unidos, se añade a las causas que explican el insuficiente progreso de las iniciativas prodemocráticas. En los últimos 20 años más de medio millón de cubanos se han marchado sin boleto de retorno.

Se agradece la disposición de Walesa a cooperar, pero sería un error el sobredimensionamiento del gesto. Lo primero que hay que hacer es revisar las estrategias al interior de la Isla, ajustarlas a las circunstancias para sacarle el mayor provecho.

La Polonia de finales de los 80 nada tiene en común con la Cuba del 2014. Hay quienes insisten en equiparar ambos procesos sin detenerse en las diferencias culturales y los elementos geopolíticos, por solo citar dos ejemplos.

Lo que sucedió en la nación europea fue producto de una convergencia de eventos que fueron madurando a partir del gradual debilitamiento del General Jaruselski a partir de la interrupción del apoyo soviético.

La huelga que promovió el sindicato Solidaridad en los astilleros de Gdansk pudo convertirse en el motor de la revolución anticomunista, gracias a una sostenida campaña mediática, la paciente labor y el coraje de sus organizadores y la implicación a fondo de los países más importantes de Occidente.

Esa confluencia de factores no existe para el desencadenamiento en Cuba de algo parecido.

De mantenerse el balance de fuerzas, holgadamente favorable al gobierno de partido único, la oposición podría quedarse al margen. Las posibilidades no ya de desplazar a la élite de poder sino de presionar por una legitimación sin condiciones, pudieran quedarse como tentativas sin éxito.

En los próximos tres o cuatro años se definirán muchas cosas tanto de orden económico como político.

Se presume que el futuro de Cuba sea democrático, pero eso es apenas una conjetura. Si difícil es adivinar cuándo terminará la dictadura, peor es asegurarse que en un futuro cada vez más cercano no habrá escamoteos que le den forma a un capitalismo de Estado bajo la égida de comunistas reciclados.

La oposición debe perfilar sus procedimientos en aras de ganar espacios.

Algo que puede hacer, sin dilaciones, es la profesionalización de sus discursos. Proyectarse con tino en los escenarios foráneos para sumar adeptos. Nada fácil donde abundan los escépticos e indiferentes, pero vale la pena intentarlo.

Walesa es un interlocutor válido. Un consejero con experiencia que hay que oír. Es necesario diversificar esos comprometimientos y ser más creativos en una lucha tan compleja y desgastante.
oliverajorge75@yahoo.com

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