Publicado: Mar, 7 Oct, 2014

Los cuchillos largos de Raúl Capote

Raul-Capote_Foto tomada de eldiario.es La Habana, 21 de septiembre de 2014. Raúl Antonio Capote es un escritor cubano que se hizo famoso en la isla no por su narrativa sino por ser un doble agente de la seguridad del Estado cubana.

Hace unos años escribió: “La contrarrevolución profetiza nuestra muerte en una noche de cuchillos largos, una vez que la Revolución sea derrotada. Trabajan para eso, fabrican provocaciones de todo tipo, calumnian, mienten, difaman. Sueñan con una madrugada de Trípoli, Bagdad o Belgrado aquí con misiles estallando sobre nuestras cabezas”.

El infiltrado acusa a los cubanos opuestos al gobierno de profetizar una noche de cuchillos largos, o sea, de querer venganza, si en algún momento la dictadura cayera.

Pero la violencia, los ajusticiamientos, y el terrorismo contra los adversarios no es una invención de la contrarrevolución, palabra usada por Capote para referirse a los opositores cubanos.

Los rebeldes vencedores de la Sierra Maestra escenificaron su versión nazi de la noche de los cuchillos largos cuando triunfaron en 1959.

Las descargas de los fusiles triunfantes ejecutaron a cientos de esbirros y colaboradores de la antigua dictadura. El pueblo linchó a los que pudo.

Los tribunales revolucionarios se crearon en aquel entonces para organizar y legalizar las innumerables noches de cuchillos largos que siguieron al triunfo revolucionario, de la misma forma que han servido hasta ahora al poder revolucionario como tribunales inquisitoriales para encarcelar a los “herejes contrarrevolucionarios”.

A la revolución cubana la engendraron sus hijos más violentos. Esos jóvenes radicales rechazaron la vía pacífica de lucha, y eligieron el terrorismo y la rebelión contra la dictadura de Fulgencio Batista.

Tampoco devolvieron las libertades políticas que prometieron en su programa revolucionario. Desde el mismo triunfo de su revolución les negaron a sus adversarios la vía pacífica de lucha, y los obligaron a la confrontación violenta.

La misma ideología radical que triunfó en 1959, y que gobierna aún, no le devolverá a los cubanos sus derechos políticos, como no se los devolvió Muamar el Gadafi a los libios, o Sadam Husein a los iraquíes hasta que los misiles extranjeros, a los que alude el informante de marras, estallaron en Trípoli y Bagdad.

La violencia y la venganza no les devolverán a los cubanos el sosiego, ni la democracia. Pero aquellos que tomaron el poder por la violencia, no por las urnas, no les cabe el derecho de condenar la violencia de sus enemigos.

El ex informante de la CIA y de la policía política cubana, Raúl Capote, acusa de violentos, de vengativos, y de deseosos de una intervención extranjera a todos los cubanos opuestos a la dictadura comunista.

Esa es una mentira gobbeliana fabricada por el gobierno cubano para justificar las interminables represiones—léase noches de cuchillos largos— contra la oposición cubana.

La mayoría de esos cubanos acusados por Capote condenan la violencia, por no hablar ya de la explosión de misiles extranjeros en las cabezas de los cubanos.

También la mayoría de esos cubanos calumniados por Capote pudieran parafrasear al apóstol, y decirle: mientes como un zascandil.

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