Publicado: Mar, 28 Oct, 2014

Música culta en declive

140824 206 Los programas de conciertos musicales afectados por la baja asistencia de público

La Habana. La escena se repite- Hoy hay muy pocas personas en la Sala. Cubierto el tercer concierto de la temporada de otoño de la Orquesta Sinfónica Nacional, el tremendo espectáculo preparado ha sido castigado por el público: menos de doscientas personas por función en la víspera del aniversario 54 de la institución musical, heredera de las Orquestas Sinfónica y Filarmónica de La Habana, suprimidas en 1959 a favor de la presente titular.

Es un vacío que da pena. En los tres conciertos de septiembre se interpretaron, entre otras obras, Obertura de Arasy (Florentín Giménez): Sinfonía No. 8 (Dvorak); Concierto en Re Mayor (Haydn); obertura de El Holandés Errante (Wagner); Rapsodia para contralto (Brahms); obertura de Tannhauser (Wagner), obertura de El sueño de una noche de verano (Mendelssohn); Concierto para piano (Prokófiev) y la Sinfonía No. 3 (Schubert). Todas fueron interpretadas magistralmente, dirigidas por los directores José Antonio Méndez, Juan Carlos dos Santos (Paraguay) y el joven y talentoso Eduardo Díaz. Además, como artistas invitados, la violonchelista Gabriela Nardo, la mezzo/alto Evelyn Ramírez (Chile), y el pianista Víctor Díaz Hurtado.

¿Mas de qué vale tal constelación de estrellas, si muy pocas personas en una ciudad de dos millones de habitantes, y donde la mayoría se queja de que “no hay a dónde ir”, pueden apreciar tan alto nivel artístico?

Lejos quedaron los años del entonces “restaurado” Teatro Auditorio Amadeo Roldan, reuniendo más de mil personas por concierto los domingos a las cinco de la tarde. O durante la República, cuando el área urbana de la capital apenas tenía más de trescientos mil habitantes. En los dos conciertos de la sinfónica o la filarmónica, los domingos por la tarde para los grupos sociales más humildes, o los lunes por la noche para las clases altas de la sociedad, el teatro se abarrotaba para oír música instrumental, símbolo de buen gusto y distinción.

En opinión de las vendedoras de taquilla de la Sala Covarrubias del Teatro Nacional, que no quisieron dar su nombre, actualmente por concepto de entradas por función se recaudan algo más de 1 500 pesos (60 dólares). No alcanza para cubrir los gastos de la sala en electricidad, iluminación y aire acondicionado, además del salario del personal y otros gastos, y sin incluir los bajísimos salarios de los músicos de la orquesta, para nada equivalentes a la maestría y virtuosismo que demuestran.

¿Por dónde le sale la música al coco?

Son varias las opiniones que se recogen entre el discreto público que asiste a los conciertos. Una pareja de ancianos se queja de muy baja promoción. Para ellos, que asisten a la sinfónica desde la década del sesenta, es una pena que los jóvenes no concurran a los conciertos, perdiendo la espiritualidad de Schubert, Wagner o Prokófiev.

Acompañada de amigas, una señora mayor añora los tiempos en que los abonados eran parte distinguida del público. “¿Se imagina? – comenta coqueta-. Se pagaba la temporada y uno tenía su asiento reservado tanto para los conciertos que dirige el Maestro Pérez Mesa como los del Maestro Claudio Abado.

Para uno de los pocos jóvenes asistentes, el intríngulis de la crisis está en la sede conocida de la OSN, el Teatro Auditórium Amadeo Roldan. Desde hace casi cinco años fue cerrado por peligro de derrumbe o mala reparación, el asunto no está claro. Lo cierto es que, ubicado en la parte norte del Vedado, ofrecía un mejor acceso que la Covarrubias, fácil para los que tienen auto, pero no para los que utilizan el transporte público.

Una trabajadora jubilada de la OSN, que prefiere el anonimato, expone la degradación moral dentro de la institución: – Conozco a mucha gente allá adentro y no quiero lastimar a nadie. Contaré dos anécdotas recientes: la primera es sobre una instrumentista. En rapto de locura por todas las maldades que le hacia, intento asesinar al antiguo director Choren, pero terminó matando a la mama de éste. Y luego esta otra sobre la corrupción dentro de la OSN y el Ministerio. El Viceministro de Cultura para la música, Abel Acosta… ¡en una ocasión se emplantilló como timbalero en la OSN para poder viajar al Vaticano!

Son muchas las opiniones sobre el tema, aunque prevalece una sobre todas: es una pena que tan gran orquesta este sufriendo desapego del público.

Marlene Hernández fue encargada de Relaciones Publicas de la OSN hasta el 2008, momento de esplendor de público y crítica. Recuerda que la publicidad de los conciertos de la OSN aparecía por todos los medios culturales de la capital. En TV con un anuncio semanal dedicado al próximo concierto, y en versión radial en las emisoras CMBF, Radio Enciclopedia o Radio Reloj. Los programas de mano eran obra de Omar Echevarría, uno de los más importantes diseñadores gráficos del país, y hasta las flores entregadas a los artistas invitados las donaba el Jardín Angélica, gestión profesional donde esa empresa aparecía como uno de los patrocinadores del programa.

– Hoy no es así. –concluye-. Quizás eso tenga que ver con la poca asistencia a los conciertos

 

aleagapesant@yahoo.es

 

Latest posts by Julio Aleaga Pesant (see all)

Escribir un comentario

XHTML: Ud.puede utilizar los siguientes tags html: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>