Publicado: Mie, 1 Oct, 2014

Quiebras en el sistema de salud cubano

Hospital Nacional La Habana. A nivel mundial muchos países ganan cada vez mayor espacio en el sector de la salud, fundamentalmente en América Latina y el continente africano. Hace sólo un año Cuba envió cerca de cuatro mil médicos hacia Brasil, en solidaridad con el gigante suramericano y su programa “Mas médicos”, impulsado por el gobierno sudamericano.

Oficialmente, el gobierno de La Habana enviará médicos y otros recursos al África Ecuatorial, asolada por la epidemia de ébola en varios países. Es un gesto “humanitario” que camela a la comunidad internacional y a los que sufren ceguera intencional viviendo del sistema y de sus jugosas dadivas.

Y es que para nadie en Cuba es un secreto que los servicios de salud están en franca decadencia. Lo evidencian cientos de consultorios cerrados y deteriorados por falta de galenos. Policlínicos y hospitales sufren la misma suerte, pese a que no les falta pintura en la fachada para ocultar la barbarie interior, sumando al desastre la falta de avituallamiento, camas y colchones, agua potable y climatización.

La pérdida de valores y del concepto humanista son males ya arraigados dentro de los servicios de salud, mas hay que agregarle insensibilidad, descontrol, burocracia e indolencia. Son un conjunto de deformaciones que inciden en la corrupción de esta tan sensible esfera.

En el interior del país es peor aun. Sobran evidencias de incidentes donde se pone en riesgo la vida de seres humanos. Tal es el caso del ciudadano Nelson Rafael Céspedes. Operado de cáncer en el año 2012 por padecer de una Metástasis ganglionar en fase terminal, el día 12 de septiembre, presentando un cuadro de falta de oxigeno, Céspedes arribo al hospital por sus medios y en plena crisis. Sin embargo permaneció tres horas sin recibir atención en el cuerpo de guardia del hospital oncológico provincial de Camagüey, el “Madame Kouri” cuando se encontró con la negativa de asistencia médica por no traer el tarjetón que lo acredita como paciente. La larga espera a la que fue forzado lo conllevo a convulsionar y perder el conocimiento. Esta fue la razón extrema para que la Dra. María del Carmen Hernández lo atendiese de manera informal, como indocumentado.

Tristemente, se puso en riesgo una vida por causa de un documento que resultó más importante para el galeno que la vida de aquel ser humano que tenía delante. Milagrosamente, el paciente se salvó para relatar su testimonio.

Tras un recorrido por las instalaciones del Hospital Provincial de Camagüey “Manuel Ascunce”, nos solidarizamos con una anciana de 63 años, Felipa Hernández Tabio. Tras sufrir un derrame cerebral el pasado 20 de julio, permanece en coma y abandonada por los servicios médicos.

De acuerdo con el criterio de los familiares: “No existe avituallamiento y fuimos precisados a traerla de la casa. También tuvimos que traer un ventilador, un cubo y hasta el agua para beber. Hay que agregar la falta de calorías en la dieta alimenticia. Hay que suplirla desde la casa. Para colmo, escasea de todo, desde antibióticos y vitaminas hasta los termómetros. Por otro lado, tampoco la atiende ningún especialista. Sólo estudiantes de medicina se acercan a observar la muerte neurológica que padece. Sin ningún escrúpulo, las enfermeras la denominan “otro vegetal”, incompatible con la medicina y principal causa para negarle el derecho a la vida.

Sin alejarnos demasiado, dirigimos nuestras pesquisas hacia el Hospital Pediátrico Provincial “Eduardo Agramonte Piña.” Allí tropezamos con una enorme valla que reflejaba la figura de Fidel Castro y la consigna: “Nada es más importante que un niño.”¡Qué triste ironía¡”, acotó a mi lado una joven con marcado dolor en su rostro. La interrogante no se hiso esperar. Y supimos que Daleimi Vásquez acababa de perder a su pequeño hijo, Javier, de apenas un año de nacido, como resultado de una negligencia médica. Un estudiante de 5to año, que hacia prácticas en el centro hospitalario, le recetó un antibiótico (Bancomisina), contraindicado para niños menores de un año de vida, y por error, una enfermera le aplicó una sobredosis letal.

Esa irreparable pérdida aún permanece impune. Con desconsuelo, esta madre asegura que a pesar de haber transcurrido un mes del trágico suceso, todavía no hay un dictamen oficial por parte de medicina legal.

En esta misma instalación, en la sala “Mariana Grajales”, un infante de dos años de edad perdió la visión y corre riesgo de morir, victima de la incompetencia del equipo médico que lo atiende. El pequeño Carlos Andrés Fuentes Séales padece de un síndrome definido como de Pffeifer. Según los estudios que se le han realizado, “son pocos los casos conocidos y tratados en el mundo”, nos dice su madre, Ana Séales Hernández.

Ella se lamenta y a la vez responsabiliza al Dr. Mondejo y su equipo por negar su consentimiento profesional para que el niño pueda ser operado en el extranjero, específicamente en EEUU. Allí, una institución humanitaria cristiana se ofreció a costear todos los gastos. Asimismo, la señora Séales manifiesta estar “convencida que detrás de la arbitraria denegación se esconde el absurdo ideológico, plagado de fracasos, miseria y calamidad, que tanto sufrimiento a traído al pueblo de Cuba. Se perdió hasta la razón de salvar vidas y el concepto humanista del sistema de salud.”

Esta madre desesperada, impotente e indignada, responsabiliza de este caso a la máxima dirección política del país, clamando solidaridad de los organismos de control y defensa de los Derechos Humanos, la Organización Mundial de la salud y la Cruz Roja Internacional.

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