Publicado: Mar, 7 Oct, 2014

“Soy porno, soy popular”

Foto tomada de Internet La Habana. En la década de los noventa del pasado siglo, oficiales del MININT detectaron a unos inveterados cineastas de nacionalidad italiana que lograron reclutar a un grupo de jóvenes “jineteras” y “jineteros” para realizar un “hot film”. Los realizadores y protagonistas fueron detenidos, y la película confiscada fue exhibida por las autoridades a un selecto grupo de importantes dirigentes del gobierno. El bello y paradisiaco escenario escogido había sido la playa de Varadero.

El asunto no pasó de ser un hecho anecdótico pero, más adelante, otros audaces también arribaron a probar suerte. Y filmaron en Cuba importantes actores de la floreciente industria del porno internacional, como por ejemplo el español Nacho Vidal, logrando editar y comercializar los resultados.

Por ahora la mayoría de los videos de sexo explícito que circulan por el país son de factura extranjera, aunque hay un interés creciente por ver y coleccionar los de origen autóctono. De estos, era común que la calidad del sonido e imagen fuera sumamente deficiente. Se trataba de filmaciones realizadas utilizando cámaras con muy baja resolución de imagen o con teléfonos móviles de magra calidad. Sin embargo, esto ha comenzado a variar a partir de la entrada de los llamados teléfonos de alta gama o táctiles, los que poseen cámaras técnicamente superiores.

La curiosidad y la tentación de lo prohibido para un público potencial le dan un valor adicional a estos materiales. Como todo arte en ciernes, la pornografía “Made in Cuba” está sujeta a los avatares del peor o mejor gusto de “realizadores”, “protagonistas” y los coleccionistas.

Vale recordar que en la isla la circulación y tenencia de material pornográfico es penada por la ley, al ser considerada como un acto de peligrosidad social que puede llevar a consecuencias legales de cierta gravedad. Sin embargo, el cine porno viaja expedito en discos DVD, discos externos, “memorias flash” y otros. En las computadoras se guarda, bajo los cerrojos de una y mil contraseñas. Especialmente si son las PCs del centro laboral.

En susurro cómplice, los nombres de los actores y actrices del genero son mencionados por los acólitos, y sus filmes pasan de mano en mano. Se reconoce a Lexington Steel, Belladona, Jesse Jane, Rebeca Linares… Sin embargo, todavía pesan en la balanza los años de censura social y prejuicios morales de todo tipo contra el cine X. Mas, a pesar de todo, una avalancha de “porno nacional” invade los discos duros.

Hace un par de años, este cronista anduvo por un pueblo del interior del país. En casa de un amigo me mostraron, en formato DVD, las proezas sexuales de ciertos tipos y un grupo de chicas hermosísimas y cubanísimas. Luego salí a dar una vuelta por el centro del poblado. Reconocí a algunas de las bellas protagonistas del “filme” que acababa de contemplar. Fue emocionante ver de cerca a los intérpretes de nuestro incipiente e incomprendido “cine X”.

Por todo ello, puede vaticinarse con seguridad que Cuba en democracia emergerá como una potencia regional del cine porno. Probablemente la isla vivirá su peculiar versión de la “moda del destape”, la que formó parte de la recordada Transición en la España post- Franco. La futura discusión de una Ley de Cine debería tener en cuenta el reconocimiento de grupos de producción que decidan explorar esta área de la creación audiovisual. En este sentido, posiblemente se incluirían las regulaciones que son aplicadas en otros países bajo régimen democrático.

De esa manera la hipocresía, la falsa moral y la censura represiva de raíz decimonónica no podrán ordenar lo que corresponde a las leyes de un entorno de plena y libre expresión.

Jclb422010@gmail.com

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