Publicado: Mar, 18 Nov, 2014

Censuras y censores en La isla de la libertad

Imagen tomada de Internet La Habana. La censura es consustancial al comunismo. Su afán de vender una imagen diseñada por sus ideólogos, comisarios culturales y seguidores, tiene como premisa prohibir una libre expresión que revele y ponga en solfa sus métodos antidemocráticos y obsoletos en la era de la globalización informática.

El gobierno cubano, que no es comunista más allá de una ideología que le permite perpetuarse en el poder sin elecciones, es la punta de lanza de un grupo de países que siguiendo sus reglas marginadoras, impide el libre desarrollo de la creación al condicionar la temática en el arte y la literatura.

En días recientes, a la escritora cubana Wendy Guerra, autora de Todos se van (Editorial Brugueras, Barcelona, 2006) y Nunca fui Primera Dama (Editorial Brugueras, Barcelona, 2008), el gobierno del indígena Evo Morales le impidió entrar a Bolivia, en solidaridad y alineamiento con las autoridades cubanas.

Este acto bochornoso, que refleja la intolerante alianza entre los regímenes comunistas para prohibir en sus países la presentación de obras escritas por autores considerados contrarrevolucionarios o subversivos, tiene antecedentes en diversos países marcados por la bota represora de la ideología marxista.

La publicación de Doctor Zhivago (1957) de Boris Pasternak, generó una campaña de acoso y descrédito sobre el autor, que bien merece un sitio en La historia Mundial de la Infamia, pues la Seguridad del Estado (KGB) de la entonces Unión Soviética, arremetió contra el escritor con saña escarnecedora.

Durante una reunión realizada el 29 de octubre de 1958, en el pleno del Comité Central de la Unión de las Juventudes Comunistas, su jefe, Vladímir Semichastni, delante de 14.000 personas, calificó al también autor de Corazón de perro y Morfina, de “oveja sarnosa”, y conducta inferior a la de un cerdo.

Igual suerte, por su novela El archipiélago Gulag (1973), corrió el escritor Alexander Solzhenitsyn, quien además de la prohibición y descrédito, supo que la secretaria que llevaba el manuscrito incautado, fue encontrada colgada en su piso de Moscú, luego de un interrogatorio de la Seguridad del Estado.

Y como remedo de una intolerancia fundamentalista basada en el miedo y el odio a las opiniones diferentes, las autoridades de la isla han prohibido y vejado a no pocos escritores cubanos y latinoamericanos, en su infructuoso afán de que sus obras, críticas con el régimen, no lleguen a lectores en la isla.

Novelas como Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003), de Felix Luís Viera; Oh, La Habana y Mi vida Saxual (MT Editores, ISBN), de Paquito D´Rivera, no fueron presentadas en la Feria del Libro de La Habana, al ser consideradas subversivas y contrarrevolucionarios sus autores.

Asimismo, autobiografías y testimonios sobre sus vínculos con Cuba, como Persona non grata (1973), escrita por Jorge Edwards (1973), y Nuestros años verde olivos (Editorial Planeta, 1999), de Roberto Ampuero, no fueron publicados en Cuba, por considerar sus textos desleales a la revolución.

Esta saga de prohibiciones de obras y autores, demuestra que en el totalitarismo, ya fuera en las calles de un Moscú del Siglo XX; en el pintoresco indigenismo del XXI, o bajo el ardiente sol de una Habana regida por novedosa censura y geriátricos censores, no hay espacios para la libertad.

vicmadomingues55@gmail.com

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