Publicado: Mar, 18 Nov, 2014

El auge del crimen en La Habana

Manuel D. La Habana. La evidencia del crimen se mantiene sobre el pavimento. Por la cantidad de sangre derramada, es lógico pensar que la víctima haya muerto en el lugar donde recibió, según vecinos del lugar, varias puñaladas en la madrugada del 8 de noviembre.

El episodio tuvo como escenario, la intersección de las calles San José y Escobar, pertenecientes al barrio de San Leopoldo, del municipio Centro Habana. Uno de los más violentos de la capital.

Comentarios relacionados con el hecho alegan que el fallecido tenía solo 15 años de edad.

Las muertes violentas no dejan de crecer en un ambiente dominado por el declive de los valores cívicos y morales. Sin dejar de mencionar el repunte en la venta y consumo de drogas, el auge de la prostitución y el alcoholismo.

El origen, incremento y estandarización de la marginalidad, fenómeno que excede los límites de la capital y cuya solución dista de ser posible en corto tiempo, muestra el fracaso del proyecto revolucionario.

Establecer en Cuba una discusión civilizada es historia antigua. Lo que prevalece es el odio en sus versiones más nocivas.

El entorno de escasez permanente y falta de oportunidades son algunos de los motivos que explican este fenómeno. ¿Qué otras reacciones esperar de personas procedentes de familias disfuncionales?

La Habana aun no es tan peligrosa como Tegucigalpa, San Salvador o Caracas, pero apunta a convertirse en una ciudad bajo el dominio del narcotráfico, los atracos, la mendicidad y el crimen.

Lo que ocurre en la actualidad son apenas destellos de un futuro donde el caos puede terminar dictando las pautas.

Cada semana decenas de personas, fundamentalmente jóvenes, mueren en tragedias que pasan inadvertidas.

La prensa oficial no se acerca a los barrios para documentar los apuñalamientos, suicidios y otras incidencias que exponen a la luz los demonios del “paraíso socialista”.

El cubano promedio actúa como una fiera acorralada. Su disposición a causar el mayor daño a reales o potenciales adversarios, está siempre latente. Es una forma de exorcizar sus frustraciones.

La muerte aquí documentada es una brizna de lo que sucede detrás de las cortinas de humo que el gobierno factura en serie y con sobrecumplimientos.

El país que describen en los medios es una caricatura de la realidad. La indisciplina social es la arista menos dramática de un proyecto que en busca de la excelencia se hundió en el fracaso.

Para nadie es un secreto que el hombre nuevo ha aprendido a usar con destreza el cuchillo y no para rebanar, el soñado e inalcanzable, bistec de res. Por un kilo hay que desembolsar aproximadamente 12 dólares. En un país donde el salario promedio es de 20 mensuales.

Lo que sucedió en la esquina de San José y Escobar es parte de la rutina, aunque las autoridades intenten encubrir este tipo de sucesos con un manto de silencio.

Por cierto, los directivos del Comité de Defensa de la Revolución de la zona no se preocuparon por borrar las huellas del crimen.

Las manchas de sangre siguen sobre el asfalto a la espera de ser borradas por el polvo y la lluvia.
oliverajorge75@yahoo.com

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