Publicado: Mar, 11 Nov, 2014

“Combate en Granada”, un bochorno que cumple 31 años

Foto tomada de Internet La Habana. Al cabo de más de tres décadas, nadie se pregunta si durante la invasión a la isla de Granada, el 25 de octubre de 1983, hubo en realidad combate entre las decenas de trabajadores cubanos que construían el aeropuerto de Point Salinas y un ejército compuesto por el 75 Regimiento de Rangers de EE.UU., tropas especiales de Barbados, Jamaica y de otros países de la Organización de Estados del Caribe.

El escritor Gabriel García Márquez, en su artículo publicado el 30 de noviembre de ese año, afirma que “No hubo tal resistencia”. Al describir a dicha invasión, afirma que “más que una operación militar por parte de Estados Unidos, fue una maniobra enorme de manipulación informativa”.

El 14 de noviembre, se celebra en La Habana un acto de despedida “a los caídos en combate contra el Imperialismo” y Fidel Castro los llama “héroes”. El embajador de Cuba en aquella pequeña isla le había enviado un informe donde le comunicaba que la guerra había terminado y que los cubanos morían inmolados, abrazados a la bandera cubana.

En su discurso de aquél día, cuando el Comandante en Jefe destacaba que su gobierno jamás se había involucrado en los asuntos internos de otros gobiernos, en el mundo entero se vio su confesión como una ironía. Eran muchos los países en los que el líder guerrillero tenía puestas sus manos siempre armadas y sus criterios políticos.

En el caso de Granada, explicar las razones por las qué había dado la orden de luchar hasta el último cubano, es de todos conocidas. No se trataba de ayudar al gobierno de Bishop, puesto que ya lo habían asesinado sus rivales políticos, ni proteger al pueblo, ya que el pueblo permanecía indiferente. Sencillamente, lanzaba sus hombres a una muerte segura para culpar al gobierno de Estados Unidos.

Fue sólo Fidel Castro el responsable de la muerte de más de una veintena de cubanos y medio centenar de heridos, de los 784 que permanecían en Granada.

Ni siquiera se hizo una crítica como mal estratega, ante los medios modernos del enemigo y su poder de fuerza, algo que sí pudo ver de inmediato el coronel Tortoló, jefe de la misión militar en Granada, visto luego como un despreciable coronelito, según Raúl Castro, cuando hizo lo más correcto: renunciar a un suicidio colectivo en un enfrentamiento armado muy desigual, donde no quedaría un cubano vivo.

Tortoló fue degradado injustamente y a punto de ser pasado por las armas, de acuerdo a la opinión de Raúl Castro, quien provocó que el joven militar negro fuera objeto de burla por las masas más confundidas de la población.

El 30 de octubre de 2007, llamó la atención una nota de prensa en el periódico Juventud Rebelde, donde aparece la embajadora de Granada en Cuba, señora Vyra Mc Queen, colocando una ofrenda floral al pie del Monumento a José Martí, en el Parque Central de La Habana, “Como tributo -así dijo- a los 24 trabajadores cubanos que murieron en desigual combate contra 2, 200 marines norteamericanos”.

Al parecer, la señora Mc Queen se equivocó en el número de marines y sobre todo, nunca leyó la crónica del periodista Premio Nobel de Literatura, García Márquez, donde después de investigar los sucesos de la invasión a Granada, afirma que “…el balance de víctimas, corresponde sobre todo a incidentes y accidentes confusos y no en combates”.

También el famoso Gabo no deja de señalar la formación militar que tenían los trabajadores civiles cubanos, enviados a Granada.

Los pormenores de los sucesos de aquellos días en Granada, una pequeña isla con 344 kilómetros cuadrados, famosa por su cultivo de la nuez moscada y su ritmo soca, entonces apenas con 100 mil habitantes, no se rememora en la prensa castrista. Es otro de los capítulos menos honorables de la historia de la Revolución Cubana.

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