Publicado: Mar, 18 Nov, 2014

Insensible espolio laboral

ESPOLIO LABORAL. MANUEL D. ORTIZ. PRENSA LIBRE El patrón Estado intenta aumentar la productividad explotando más a los trabajadores

La Habana. Ya es muy común escuchar criterios de los trabajadores en extremo negativos sobre sus jefes administrativos y líderes sindicales. Y el denominador común que lo motiva es el alza desmedida del nivel de vida, que no se corresponde con los salarios ni siquiera en sectores laborales donde fueron incrementados.

Los altos dirigentes del país, así como los de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), se esmeran en imponer metodologías que nunca se pondrán en marcha. El modelo de economía socialista es inoperante para la vida de cualquier país, tanto desarrollado como en vías de desarrollo.

Se habla de la autonomía estatal y a la par se agudizan todos los problemas que se enumeran en las sesiones de la asamblea del Poder Popular. Y la población más humilde se siente impotente y acorralada. “¡Este país lo están vendiendo…! ¡Qué va a ser de nosotros…!”, se lamenta una anciana vendedora de cigarros y periódicos. Está mal vestida, sucia, y se niega a ser fotografiada en plena calle San Lázaro, municipio Centro Habana.

En algunos renglones económicos se logran ligeras transformaciones, pero basadas en la injusticia. Los dirigentes de la CTC pretenden que se aumente la producción con los trabajadores de base exigiendo aún más a sus colegas de trabajo. “¿Con qué cara voy a decirle a la gente que trabajen más, si ya no pueden hacer más? Trabajamos por inercia, sin condiciones, con mala comida o merienda. Te ves obligado a gastar dinero comiendo algo por la calle. Luego llegas a la casa y allí tienes miles de problemas y no hay con qué resolverlos”, expresa un dirigente sindical de una fábrica capitalina, el que prefiere no identificarse.

Más adelante, el mismo líder sindicalista señala que no sabe si podrá jubilarse porque tiene una carga familiar grande con sus padres enfermos, cuyas pensiones son muy bajas. Permanece como dirigente sindical porque, según él, “Nadie quiere el puesto”. Esto no es excepción, y quizás con otras palabras y procederes, en diversos centros de trabajo se descubre el mismo poco entusiasmo de la masa obrera cubana por laborar.

¿Cómo el secretario de una sección sindical va a intentar mejorar las condiciones de trabajo y todo lo que atañe al trabajador, si quien manda y dispone en el centro es el gerente o administrador? En la mayoría abrumadora de los casos, el sindicalista se supedita a la administración, con lo que traiciona a sus colegas. Los que han intentado cambiar ese orden de cosas son demosionados de sus puestos de dirección, cuando no sancionados o expulsados por alguna indisciplina de dudosa veracidad.

En los centros de trabajo ya es costumbre que constantemente el administrador se ausente o ande reunido, lo que son excusas para quitarse de encima toda responsabilidad ante cualquier robo o estafa a la población, tal como sucede en los centros de servicios y muy comúnmente en las tiendas recaudadoras. El trabajador que comete la falta es precisamente quién al final de jornada da una buena tajada al jefe. Unos cubren a los otros. “Hay que vivir, hay que luchar”, se escucha entre tantos que transforman muchas acciones en sinónimo de robo.

En tales situaciones nadie pide hablar con el líder sindical del centro. “¿Para qué?”, se cuestiona Isabel Martínez. Lo comprendió en una tienda de la Calle Obispo, en la Habana Vieja, al percatarse que le habían dado mal el cambio de un billete. Cuando quiso que le devolvieran el dinero, le dijeron que no estaba autorizado hacerse arqueo de la caja. “Formé un escándalo y amenacé con llevar a la policía. Sólo entonces me dieron mi dinero, pero llegué enferma a mi casa”, resume esta jubilada capitalina.

La dirigencia nacional vive entre sueños de capacitaciones y lograr el aumento de la eficiencia y la productividad, pero sin brindar un mínimo de condiciones y chantajeando a los obreros con las pocas estimulaciones que reciben, incluido el magro salario. Esa es la cruda realidad de cómo se desarrollan los intercambios entre trabajadores de distintos sindicatos de todas las provincias y sus más altos directivos. Y las soluciones positivas que se desean no llegan nunca para los más explotados.

 

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