Publicado: Vie, 7 Nov, 2014

La incompleta Historia de la Masonería Cubana

Foto tomada de Internet Escamotear o tergiversar informaciones es  falsear la Historia.

Va por su tercera edición la Historia de la Masonería Cubana, Seis Ensayos, (La Habana, 1942)*, de Eduardo Torres-Cuevas, doctor en Ciencias Históricas y presidente de la Academia de Historia de Cuba.

La Habana. El también director de la Biblioteca Nacional hace estudios sobre la masonería cubana con empleo de una prolija bibliografía, remontándose a los lejanos orígenes en Londres (1717); a las patentes masónicas con que se inicia en Cuba (1804); la participación masónica en las dos guerras  por la independencia (1868 y 1895); el desempeño masón en los primeros cincuenta años de  República, y concluye a partir de la debacle de 1959, el período más sombrío en el que la masonería llega casi al límite de clandestinidad  – algo muy parecido a lo que les ocurriera a las  Iglesias Católica y protestantes.

Y son desmanes que Torres-Cuevas, afiliado con el gobierno, trata de justificar o minimizar. Pero,  como dice el refrán, “los hechos son tercos,  y algunas interferencias sirven como botón de muestra.

Una noticia de mi autoría (www.cubanet.org, 09-05-02) sobre la inauguración el 29 de abril en ciudad Las Tunas de la Logia 88 de la rama Rebeca, de la Gran Logia Oddfellows Independiente de Cuba, informaba:

“Luego de diez años de trámites legales, la (re)fundación de la Logia No.88 es considerada por analistas independientes como un hecho trascendente en la promoción de la sociedad civil cubana. El licenciado Manuel Infante Rodríguez, dignatario de la Gran Logia de los Oddfellows de Cuba y director general del proyecto de Bibliotecas Democráticas Independientes de Cuba, comentó: “El gobierno tendrá que aceptar que la sociedad civil es una realidad compuesta por logias, iglesias, clubes de todo tipo, sindicatos libres, asociaciones de profesionales, organizaciones defensoras de los derechos humanos, campesinos independientes. El rescate de esta fraternidad femenina y su pujanza así lo demuestra. Es una ventana que se abre a la sociedad civil, un paso de avance […] Ya el gobierno no podrá proclamar que la oficialista Federación de Mujeres Cubanas es la única asociación de las féminas en esta región del país”.

¡Y tuvieron que pasar diez años de escollos burocráticos para la reapertura de la logia!

Un colega informaba (Cubanet, 10-12-03) sobre la entrega de una canastilla a Marisol Díaz, de San Miguel del Padrón, La Habana.    “Las logias seleccionaron a la señora Díaz por ser la madre más necesitada de las que alumbraron el 5 de diciembre, aniversario 144 de la fundación de la Gran Logia de Cuba […] La masonería realizó actividades como ésta hasta principios de los años 60 cuando fueron prohibidas por el gobierno; prohibición que duró hasta finales de la década de 1990 en que reanudó sus actividades a pesar de las limitaciones económicas existentes”.

Juan Carlos Linares, también periodista independiente, escribió (Cubanet, 03-03-2003):

“Al advenimiento del actual régimen, en 1959, la Masonería era una institución fraternal pujante, entidad inseparable de las clases vivas del país. Treinta y cuatro mil miembros aproximadamente, una universidad, tres asilos, varias escuelas, 340 logias y un majestuoso edificio, la Gran Logia de Cuba, constituían su mayor patrimonio […] Con la Ley de Reforma Urbana, dictada a comienzos de los años sesenta del pasado siglo, el Estado confiscó a la institución masónica, casi la mitad de los locales del Edificio de la Gran Logia, varios templos masónicos –algunos en construcción-, dos asilos y todas sus escuelas. Y fueron cerradas algunas logias por supuestas actividades conspirativas, como la logia Perseverancia, en la ciudad de Cárdenas”.

Datos estadísticos de Torres- Cuevas (p.272) “demuestran que en sus últimos cuarenta años su membrecía disminuye primero y se estanca más tarde”. De 32 000 miembros en 1959 cae a 14 000 en 1979.

Y sobre “Las causas por las que la masonería cubana  tiende a decrecer en los primeros 30 años de la Revolución”, dice:  (1) impacto en el conjunto social; (2) beneficios de la logia para el masón y su familia en la vejez y muerte; (3) éxodo masivo de las clases altas y medias, que disminuye la membrecía; (4) cierre a esotéricos misterios; (5) crisis por “marginalidad política y social de la masonería asociada a la estatización de toda la actividad del país”; y (6) “desaparecen físicamente, como consecuencia del transcurrir del tiempo, muchos de los más viejos, experimentados y activos masones”.

Sin embargo, Torres Cuevas escamotea de estos porqués los embates a lo Robespierre del gobierno, aunque se debe reconocer que también se aplicó  cierta flexibilidad hacia la masonería para intentar borrar la imagen represiva, lo que constituye un inventario de abusos que Cuevas-Torres no logra justificar, aunque lo intente.

Signos masónicos descubiertos sobre piedras labradas de muros del Convento San Francisco y en excavaciones en la Habana Vieja correspondientes al siglo XVIII, abren nuevas interrogantes sobre el origen de la masonería en Cuba.

cosanoalen@yahoo.com

La Habana 09 de julio de 2014

*Historia de la masonería cubana, seis ensayos, de Eduardo Torres Cuevas. Ediciones Imagen Contemporánea, 2013, Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, Universidad de La Habana. ISBN 978-959-293-022-3, E-mail: restherl@infomed.sld.cu

 

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