Publicado: Mar, 18 Nov, 2014

Lo que se lleva el alcohol

VUELBEN LOS BORRACHOS La Habana. Entre los sectores más vulnerables de la sociedad cubana se hallan los alcohólicos, numerosos en toda la isla, endémico en Jaimanitas, por el alto número de integrantes y su crecimiento ascendente, indetenible.

La mala alimentación y la precariedad de sus vidas los condenan a una muerte segura. Como ocurrió recientemente con uno de sus miembros emblemáticos, al que apodaban “Harina”, que apareció muerto en las afueras del establecimiento estatal conocido como La taberna, donde en los últimos meses pernoctaba, siempre con su pomito plástico en la mano, con alcohol de 90 grados rebajado con agua, que constituye uno de los agentes más corrosivos que existen contra el organismo humano.

Aunque no llegaba a los cuarenta años “Harina” semejaba 60, por el marcado deterioro de su salud, la suciedad y el desaliño. Su trágica vida estuvo signada por su prematura prisión, cuando apenas con 15 años le quitó la vida a un anciano del barrio marginal La cantera, mientras intentaba robarle, por lo que tuvo que pasar 18 años tras las rejas.

Cuando salió en libertad no pudo reintegrarse a la vida y se tiró al perdido mundo del alcohol, con el único sector social que lo acogió como un hijo: borrachos sin perspectivas en la vida, vagabundos hastiados, socialmente frustrados, políticamente esquilmados, ideológicamente impelidos, culturalmente lastrados, económicamente molidos.

Escogió las afueras de La taberna como su casa. Allí podía encontrársele a todas horas, con frío o calor, con sol y lluvia, de noche o de día, siempre con el pomito plástico en la mano, que nadie sabe cómo mantenía siempre lleno de alcohol. A veces lo acompañaban colegas de tragos, pero generalmente se veía solo, con la mirada clavada en el churroso asfalto de la calle, ensimismado en sus pensamientos imposibles de discernir, tal vez pensando en los tantos años de prisión, en el anciano muerto, en el robo fallido, o en la desgraciada vida que le había tocado vivir.

No pedía limosna ni molestaba a nadie, solo se limitaba a permanecer impasible en su sitio, muy cerca de la Quinta avenida, quieto como una estatua, o un aditamento más del mugroso entorno. Su único movimientos perceptible era el del brazo derecho, que se alzaba a intervalos en ángulo recto, cuando se llevaba el pomito con alcohol a la boca.

En los últimos tiempos se veía muy deteriorada su salud, con síntomas visibles de hinchazón. Cuentas los borrachos que la noche antes de su muerte lo llevaron al Policlínico, porque se hallaba muy mal. Aunque estaba para ingreso solo le recetaron un medicamento, y le indicaron que dejara de beber. Regresó a su sitio y murió a alguna hora indeterminada de la noche. Lo encontraron al amanecer, cuando los primeros rayos del sol despertaron el pueblo.

Con su muerte “Harina” se une al nutrido grupo de borrachos fallecidos en los últimos tiempos, donde se pueden recordar a Pastrana, “Patica”, los hermanos Chacho y Pepe, “Poldito”, Alcides, “el Cáscara” y un comediante frustrado al que en el pueblo apodaban “tira tira”.

Frank Correa

Frank Correa es periodista independiente y miembro de APLP

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