Publicado: Mar, 11 Nov, 2014

Otro ausente en las “reformas” castristas

Foto tomada de Internet El freno a la modernidad tecnológica impide el aumento de la productividad y el beneficio nacional.

La Habana. Si según dice Raúl Castro Ruz, intenta reformar el país bajo el eufemismo de actualización del modelo socialista, muchos puntos son los que tiene en contra ocho años después de asumir la presidencia. Y entre ellos sobresale la innovación tecnológica.

La aplicación de nuevas tecnologías y la búsqueda de soluciones tecnológicas a problemas productivos y de servicios esta embridada en una organización progubernamental llamada Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores, conocida popularmente por sus siglas ANIR. Es dirigida por el “cuadro comunista” Alfredo Machado López, y supuestamente defiende el derecho de los inventores. Pero como todo indica, más bien se convierte en su camisa de fuerza.

Sin fondos de inversión en nuevas técnicas y maquinarias desde antes del derrumbe del imperio soviético, el gobierno apostó por la mayor explotación de la iniciativa de los obreros y profesionales. De ahí que las principales funciones de la ANIR fueron y son el despojo a los inventores de sus creaciones, y dentro de un sistema económico ineficiente, engavetar alguna de las buenas ideas producidas dentro de la isla.

Según fuentes bien informadas, el desconocimiento de la Ley 38, que regula la retribución a los “aniristas” está detenido en la década de los 80 del siglo XX, y no estimula la inventiva. Se argumenta por los innovadores que en una ocasión se aportaron casi tres millones de dólares y lo que se recibió a cambio fue un pago simbólico. La revista “Bohemia” apuntaba que a “un obrero que ahorró 60 mil euros, solo se le regaló un bolso” con baratijas y misceláneas.

Otras fuentes señalan que en el Ministerio de Transporte las administraciones ni saben ni apoyan la deficiente Ley 38, y en general, tampoco la iniciativa de obreros y profesionales. Así se pierden ideas y dinero contante y sonante, ya sea por el ahorro en su sentido más rastrero o por ausencia de premios a la aplicación de innovaciones. Entre tanto, en el Ministerio de la Economía y la Planificación se apunta a que no se planifique financiamiento para la aplicación de las innovaciones, lo que se transforma en un desacelerador aun mayor.

Otros ministerios y empresas señalan diversas deficiencias, como la ausencia de cuentas bancarias que empoderen al creativo o la intervención de las Uniones de Empresas a la hora de malograr el justo premio al creativo.

Sin embargo, en mi opinión, sobre todas las cosas la ausencia de una legislación que declare las invenciones como derecho de autor y la falta de independencia de las empresas impiden la intervención de las soluciones tecnológicas en los sistemas productivos. Además, está siempre presente la posición de la ANIR como defensor de las políticas comunistas y no de los innovadores y racionalizadores, que justamente son los que conforman su base.

Tomar nota de las preocupaciones de estos trabajadores y profesionales será bien ante todo para los creadores e innovadores, para las empresas que pueden introducir nuevas propuestas que mejoren su eficiencia y los resultados contra el costo, y de la sociedad en general, que se beneficiara de la introducción de nuevas tecnologías.

aleagapesant@yahoo.es

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