Publicado: Mar, 9 Dic, 2014

El derrumbe de una quimera

Quimera La Habana. La creciente tendencia a la baja del barril de petróleo en el mercado internacional parece haber sorprendido infraganti a un sector de los grandes mono-productores mundiales muy agresivo en los asuntos mundiales. Sin embargo, hace tiempo se veía venir. Y culminó precipitado por un conjunto de factores disímiles de la economía mundial, impulsados por la creciente velocidad que impele el fenómeno integrador de la globalización.

Fue un bajón que encalló con firmeza, contrariando todos los pronósticos triunfalistas de un precio fijado en alrededor de $100.00 dólares el barril por lo menos hasta el 2020. Mas lo curioso de este evento económico es lo que provoca en el comportamiento político de dos particulares productores entre los afectados.

Rusia es uno de ellos. Dirigido a legisladores y altos funcionarios con caras tétricas, el reciente discurso de 70 minutos de Vladimir Putin, más que energía y desafío acostumbrados, revela desesperación y burdas mentiras. La realidad es que el protagonista mundial que entorpeció y alargó la solución del fin del régimen de El Asad en Siria, que ocupó y se anexó Crimea, y que pretende retraer a Ucrania a su redil, revela la estructura de una frágil nave que comienza a hacer aguas, primero que todo por las sanciones que le impuso Occidente por su injerencia en los asuntos ucranianos.

Mas sin dudas el golpe de la baja energética fue el puntillazo. Toda la corriente nacionalista que movía buena parte de la opinión pública del país parece haberse puesto repentino freno. Con pérdida de valor de más del 60% del valor de un rublo que no deja de depreciarse, de repente al ruso promedio parece importarle bien poco “recuperar” Crimea o estar pagando una costosísima intervención militar en las “repúblicas” del oriente ucraniano.

Para Putin son pocas las posibilidades de emerger de este callejón sin salida que es su proyecto del Nuevo Imperio Ruso. La oligarquía de ex KGBs que hasta ahora lo acompañaban en su marcha arrolladora, sacudidos por los más de 150, 000 millones en capitales de inversión en fuga del país, son los primeros que están reconsiderando su postura y probablemente sean los que en algún momento lo impulsen a dimitir.

Y al otro lado del mundo, también la debacle acecha al que se proclamara nuevo campeón de los oprimidos latinoamericanos y antiyanquí inconquistable. El sorpresivo giro energético comienza a sacar de su eje el frágil punto de sustentación del régimen chavista venezolano. Este batacazo se suma a la grave crisis de los servicios y el consumo que ya venían precipitándose por el desaforado estatismo económico, la”diplomacia petrolera” y la corrupción de una nueva oligarquía política a la que sólo le interesa mantenerse al mando. Es insuficiente al apoyo cubano con el knowhow de conservación del poder. La penuria de lo más elemental se vuelve lo cotidiano y emerge el peligro de que se queden sin blanca los planes populistas, la principal base de sustentación del régimen bolivariano.

Las precipitadas intentonas venezolanas adjudicando sus refinerías Citgo en el territorio USA al mejor postor, no son las únicas buscando numerario. Ahora están sobre el tapete la reciente venta de unos $4000 millones de la deuda petrolera de República Dominicana (1), a menos del 50% del valor. Y está pendiente otra proyectada con la de Jamaica. Pero por muy apurado que estén con la falta de inmediato cash, en la extensa fila de liquidaciones pecuniarias de los otrora favorecidos a través de Petrocaribe, a su mentor caribeño los bolivarianos tienen buen cuidado de ir corriendo del sitio donde está cayendo el hacha.

La Habana cuenta con la dependencia que tienen los chavistas a su knowhow para aferrarse al poder. Saben que a estos viejos milites isleños no les tiembla mano para instrumentar y dirigir lo impensable, incluso contra cualquier algarrada seria del desesperado pueblo venezolano o del cubano, con tal de que no se les afecte su cuota petrolera.

Demudados por sus pérdidas, los gobiernos ruso y venezolano dejaron a un lado la pretensión de irrumpir con agenda y falso peso propios en los enrevesados asuntos mundiales. Y con el agua al cuello, sus pueblos van descubriendo que en realidad no son ciudadanos de poderosas potencias que influyen en la arena mundial, sino de naciones con absoluta dependencia de los avatares de una materia prima a la que se le va esfumando buena parte de su supuesto valor inamovible.

Notas:
1) ¡Y nada menos que al “enemigo”, el banco estadounidense de inversiones Goldman Sach!

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