Publicado: Mar, 16 Dic, 2014

EL mejor escondite para Chesimard y sus amigos

Anuncio de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana Santa Fe, La Habana. Conociendo como conocemos a Fidel Castro. Su odio por los yanquis, su legendaria parcialidad política y sobre todo su afán de protagonismo internacional, no dudamos para nada que en su isla particular habiten numerosas personas que han huido de Estados Unidos por haber cometido fraudes financieros y actos terroristas.

Hace muchos años, allá por los años setenta, conocí a un matrimonio norteamericano, luego él profesor de la Universidad de La Habana, que encontró refugio legal en Cuba, después de haber escapado de su país por la frontera de México y de haber dejado una gran deuda en un banco de California.

El caso de Joanne Chesimard -1947- , posiblemente sea el más notorio de todos.

Esta mujer de piel oscura, alta y risueña, llegó al lugar indicado y en el momento propicio, luego de haber asesinado a un policía de tránsito en 1977, cuando este detuvo el auto donde ella y sus amigos viajaban.

Era buscada porque formaba parte de un grupo terrorista llamado Ejército Negro de Liberación, que asaltaban bancos y habían cometido otros delitos.

Condenada a cadena perpetua, huyó de la prisión en 1979. En 1984 apareció en Cuba. En 2005, Fidel Castro declaró a la prensa que se trataba de ¨una perseguida política de verdad¨.

Para Fidel Castro, la muerte de un policía norteamericano no tiene importancia alguna. Recordemos que en los medios de prensa que le pertenecen, jamás hemos podido conocer cuántos miembros del orden público murieron, víctimas de los enfrentamientos terroristas de los revolucionarios del Movimiento 26 de Julio, contra la Policía Nacional de Fulgencio Batista.

Los comunistas piensan y son así.

El policía norteamericano asesinado se nombraba Werner Foerster. Seguramente dejó una familia que no lo ha olvidado. Mientras, la prófuga Chesimard, anda libre por las calles habaneras o de cualquier otra ciudad cubana. Aunque hayan pasado cuarenta años del crimen, no creo que viva en paz con su conciencia.

Por mucho que haya cambiado de imagen a través de peinados, ropa religiosa y sombreros, algún día se descubrirá dónde está y que ha hecho todo ese tiempo. Tal vez su peor castigo haya sido vivir en un país como Cuba, donde no se vive en libertad. Ni siquiera ella, con toda y la protección que tiene del gobierno.

Tal vez por momentos se diga que hubiera sido mejor la prisión, el único lugar donde podía haber librado a su corazón del gran peso de su culpa.

 

 

 

 

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