Publicado: Mar, 9 Dic, 2014

Las remesas y el cuentapropismo

Foto M. Damián La Habana. Es innegable que las remesas que envían a la isla los cubanos residentes en el exterior han posibilitado el surgimiento de muchos negocios por cuenta propia. Según las estadísticas, las remesas han aumentado a partir de los cambios económicos implementados por el gobernante Raúl Castro. Se especula que está llegando un promedio anual de cinco mil millones de dólares.

Incluso, todo hace indicar, de no existir un cambio brusco en la política de Estados Unidos hacia Cuba, que las remesas o la cooperación de instituciones foráneas podrían impulsar aún más el trabajo por cuenta propia en los próximos años.

Según se dio a conocer en el evento “Fe religiosa, Institucionalidad nacional y Modelos sociales”, organizado a principios de este año por la revista católica Espacio Laical, existe una propuesta del Instituto Brookings— un centro de investigaciones sin fines de lucro ubicado en Washington DC— para que el ejecutivo norteamericano autorice a empresas y personas de ese país a hacer negocios con empresarios cubanos independientes, proporcionándoles asistencia financiera y técnica.

De materializarse esa iniciativa, por supuesto, habría que esperar por la reacción del gobierno cubano. Por lo pronto, el politólogo oficialista Carlos Alzugaray, tal vez anticipándonos la respuesta gubernamental, afirmó que “cualquier propuesta de ayuda a las pequeñas y medianas empresas debe ser respetando la soberanía cubana, es decir, al gobierno cubano” (Espacio Laical no.2 de 2014. Pag 20)

En el propio evento trascendió una información acerca de la metamorfosis operada en el dinero enviado a Cuba para promover los negocios privados: la remesa inicial se transformó en una inversión. Es decir, que los movimientos de capitales se producen no solo de afuera hacia adentro, sino que también existe un trasiego desde adentro hacia afuera en forma de ganancia o beneficios. Entonces asistimos a una especie de antesala de lo que podría suceder con la Ley de Inversión Extranjera, la que contempla la participación de los cubanos residentes en el exterior.

Hasta aquí nos hemos referido al sesgo positivo de las remesas sobre el desarrollo del trabajo por cuenta propia. Sin embargo, no es difícil apreciar que la vinculación de ambos elementos está ocasionando determinadas disparidades en nuestra sociedad. No se trata solamente de la diferencia de ingresos entre distintos sectores de la población, sino también de cierta repercusión en la problemática racial.

De acuerdo con cifras emitidas por empresas de consultoría en Miami, más del 80 por ciento de las remesas vienen hacia la población blanca, un porcentaje mucho menor a los mestizos, y solo un siete u ocho por ciento a la población negra. Claro, ello obedece a la composición racial de la diáspora cubana, compuesta en lo fundamental por personas de piel blanca.

Ese pudiera ser el motivo fundamental por el que no apreciamos a muchos mestizos y negros como propietarios de negocios privados, sobre todo si visitamos a las paladares u otros cuentapropistas de gran solvencia económica. Semejante disparidad se halla en la agenda de trabajo de todos los grupos que en el interior de la isla luchan por erradicar los bolsones de marginación que aún padecen los afrodescendientes cubanos.

No obstante, si las remesas les abren las puertas a muchos cubanos de la isla para que participen en la vida económica del país, ya de por sí se le asesta un golpe a la estrategia discriminadora del aparato de poder. No hay que olvidar que la flamante Ley de Inversión Extranjera no permite que los cubanos de Cuba sean inversores.

Orlando Freire Santana

Orlando Freire Santana es periodista independiente

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