Publicado: Mar, 2 Dic, 2014

Los eslabones importantes de la sociedad

Foto Manuel Damian La Habana. Hace unos días el periódico Granma -órgano oficial- publicó un artículo sobre uno de los programas que el gobierno ha dirigido a los ancianos con el fin de mejorar su calidad de vida. El periodista expuso que desde hace varios años la Cátedra del Adulto Mayor tiene lugar en distintas sedes universitarias de varias provincias del país y reúne diferentes disciplinas de estudio, como son: la psicología, la ambientación, la alimentación, la salud y otras, que según los profesores que las imparten y los alumnos de edad avanzada que las reciben, mejora enormemente su visión de la vida.

Además de recibir nuevos conocimiento, los abuelos participan en diversas actividades que ayudan a su inserción plena a la sociedad. En el programa se persigue el criterio de la educación permanente como un derecho inherente a cada persona.

“La sociedad muchas veces distancia a los adultos mayores porque son jubilados, pero además, ellos mismos creen que ya no ocupan un lugar relevante en la misma. Por eso, la educación les da la oportunidad de ser mucho más activos e integrarse de nuevo dentro de ella”, dijo una profesora del programa.

Otra profesora argumentó que “para mí es muy importante el trabajo con el adulto mayor porque siento la satisfacción de ellos por el programa y los ayuda a sentirse vivos y a concebirse de nuevo como eslabones importantes de la sociedad”.

Sin embargo, la historia es otra cuando el anciano está enfermo…¿Existe algún programa gubernamental para atender satisfactoriamente a estos ancianos, o al menos apoyar a los hijos en su cuidado?. ¿Qué dice la sociedad sobre esto?

Margarita, 45 años, ingeniera y ex funcionaria del Estado dice que sufrió mucho cuando su mamá, anciana jubilada de 75 años, le diagnosticaron una lamentable enfermedad.

“Lo más triste fue que no recibí apoyo de la Administración ni de las organizaciones políticas y sindicales de mi centro laboral cuando solicité ausentarme por unos meses para cuidarla, a partir de una Licencia sin Sueldo. Me la rechazaron porque dijeron que esa Licencia solo se les otorgaba a las madres con hijos menores de edad. A partir de ese momento, requerí inmediatamente la baja del trabajo, a pesar de tener 25 años de laborar en él. Durante la dolencia de mi madre vivimos mi hijo, mi madre, mi esposo y yo de un salario de 765 cup, equivalente a 30 cuc, de repasos particulares que impartí en mi casa y de la pensión de mi madre, 250 cup (10 dólares) o lo que es igual a 10 cuc (peso convertible cubano). Mi madre revolucionaria y combatiente de la clandestinidad murió sin entender esto.”

Isabel, 47 años, economista y máster en ciencias, plantea que tuvo a su madre, anciana y jubilada de 80 años, muy enferma en cama. “Como me encontraba laborando en un centro de trabajo con mucha responsabilidad, el que no me daba tiempo para cuidarla, debí acudir a la oficina que atiende los casos sociales del municipio. Solicité la prestación del servicio de uno de los Trabajadores Sociales en la atención a ella durante las ocho horas en que yo estuviera laborando. Mi solicitud no fue aprobada porque el principal requisito para esta asistencia es que el anciano debe vivir solo. Yo no podía dejar de trabajar porque mantenía a mis hijos estudiantes universitarios y a mi madre, su pensión era de 265 cup, 10 cuc. Tuve que solicitar ayuda a la iglesia. Las monjas me facilitaron una lista de mujeres que se dedican al cuidado de los ancianos.

No pude contar con el servicio de ninguna porque me pedían 5 cuc diarios o su equivalente 125cup.Yo ganaba 825 pesos. No tuve otra alternativa que cuidarla entre mis hijos y yo. El mayor estaba por la mañana con ella y el pequeño por la tarde, yo al finalizar la jornada laboral. No pude asumir el cuidado minucioso que necesitaba y merecía mi madre. Ella fue Heroína del Trabajo en dos ocasiones y era militante del Partido comunista hasta que falleció”.

Tania, 53 años, jurista y doctora en ciencias, dice “mi madre, anciana y jubilada de 80 años estuvo en una silla de ruedas porque no podía caminar. El tratamiento indicado consistió en ponerle un suero una vez al mes durante dos años en el hospital Oncológico.

El traslado hacia el mismo siempre fue angustioso, al no contar yo con un carro de mi propiedad. Los taxis de las piqueras de los hospitales solo daban servicio a los pacientes que había que hacerle diálisis, las ambulancias del SIUM a los casos graves y los taxis particulares te cobraban 50 cup o 2 cuc, solo por llevarte pero no por regresarte. No obstante, tuve que resolver pagando a los ambulancieros porque vivíamos en un primer piso y era muy difícil la maniobra de bajarla. La distancia entre el hospital y la casa de mi madre era tan solo de 1 km. Una vez estando allí la estancia solo debía ser de 3 horas, pero se alargaba de 5 a 6 hasta que llegaban a recogernos. Ese día mi madre estaba casi nueve horas sin beber líquido ni comer alimento alguno”.

Estos son algunos ejemplos de la dura realidad, en mi opinión, los ancianos dependen de la atención de la familia y la sociedad, por lo tanto el gobierno debe proyectar todo tipo de programa que ayude a aliviar los problemas que lo aquejan, no solo en su reinserción en la sociedad, sino también en el momento en que están enfermos y que no se pueden valer por ellos mismos. Debe apoyar a los hijos, encargados del cuidado del anciano; así como lo hace con la madre trabajadora que tiene hijos menores de edad.
viralepe@gmail.com

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