Publicado: Mar, 16 Dic, 2014

Tradiciones hostiles

Foto Manuel Damián La Habana, 15 de noviembre de 2014.Hace ya unos años que adolescentes y no tan adolescentes se disfrazan en La Habana para celebrar a lo cubano la fiesta de Halloween a finales de octubre, una celebración conocida también como Fiesta de Brujas, y celebrada principalmente en países anglosajones como EEUU.

Además, en la Ciudad Deportiva se celebró el IV Torneo Panamericano de Porrismo (Cheerleading), de gran tradición en los Estados Unidos.

Manifestaciones culturales y tradiciones norteamericanas como esas se celebran con mayor frecuencia y tolerancia en la isla con respecto a otros años. Al gobierno parece no molestarle, o se ha dado por vencido en tratar de reprimir tales manifestaciones. Incluso le ha dado el visto bueno a proyectos como los torneos de Porrismo.

Pero algunos cubanos identificados con las posiciones más retrógradas identificaron la celebración de esas tradiciones como “asimilación neocolonial de influencias foráneas”, o se sintieron molestos “al conocer de la celebración del Halloween en esta tierra de guarapo y chicharrones”.

Tal es el caso de los periodistas Pedro de la Hoz, del periódico Granma y Vladia Rubio, del portal digital Cubasi.

Al primero le pareció raro y preocupante que “desde instituciones, cuya misión social implica preservar valores identitarios, se promuevan tales prácticas”. Consideró, además, que ninguna administración de una instalación turística o recreativa debería prestarse para la promoción de tales eventos.

“¿Por qué dejarse arrastrar por la lógica del mercado o la asimilación acrítica, o mejor dicho, neocolonial de influencias foráneas?”, se preguntaba el periodista.

Los motivos de la oposición de la periodista Vladia Rubio fueron, al parecer, freudianos:

“Quizás sea que crecí en tiempos en que los Beatles estaban prohibidos y usar espejuelos foto gray, como le sucedió a una amiga, implicaba un serio problema ideológico”.

“Me fui haciendo adulta mientras mi tía corría a ocultar su elegguá cada vez que alguien de su trabajo o del CDR tocaba a su puerta, y a la par que veía a mi amiga más cercana llorar porque dedos acusadores la señalaban por mantener correspondencia con su mamá “que estaba en el norte”.”

Sin embargo, la periodista no tiene ningún reparo en afirmar que “me compensa y tranquiliza suponer que no pocos de los que hoy llevan enseñas foráneas en sus gorras y andan con calabazas a fines de octubre, son los mismos que ayer dieron su disposición para ayudar a combatir el ébola, que no aceptan morales de dos caras, y que estarían dispuestos a fajarse a los piñazos y también de otros modos, con aquel que, adentro o desde afuera, le intenta mancillar la patria”.

O sea, para la periodista es un alivio suponer que no pocos de los que celebran Halloween, o usan banderas norteamericanas en sus ropas, sean los mismos que participan en los actos de repudio contra los opositores, o como eufemísticamente ella los llama “dispuestos a fajarse a los piñazos y también de otros modos”.

Es una estupidez pensar que lo supuestamente hostil o dañino de una tradición ajena esté en dependencia de la ideología de quien la practique.

Como si la observancia de tradiciones foráneas o el uso de sus insignias tuvieran un impacto diferente en un fanático revolucionario, o en un opositor o ciudadano cualquiera.

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