Publicado: Vie, 9 Ene, 2015

Descongelada la entrevista a Nicanor Parra

Imágen tomada de Internet Santa Fe, La Habana. La censura de prensa en Cuba no tiene límites, reparos y mucho menos escrúpulos. Una de las personalidades más extraordinarias de la literatura contemporánea, aún silenciada en Cuba, es Nicanor Parra -Chile, 1914-.

En 1991, un periodista de la emisora Radio Habana Cuba, Orlando Castellanos, de visita en Santiago de Chile, seguramente autorizado por la  Seguridad del Estado Cubano, entrevistó a Nicanor Parra, cuando este acababa de recibir dos importantes galardones: el “Juan Rulfo” y el “Cervantes” y continuaba expresando que no escribía para premios y mucho menos para recibir privilegios.

Parra aún permanecía en la lista negra del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, tildado como irreverente, sacrílego e irrespetuoso y sólo aquellos rebeldes que seguíamos admirando su obra y su vida, buscábamos afanosamente sus libros.

Por cometer el atrevimiento de cambiar la frase archiconocida “Cuba sí,  yanquis no”, por la de “Cuba sí, yanquis también”, Nicanor Parra nunca más fue mencionado en los medios de prensa cubanos y sus libros desaparecieron de las librerías. Fidel Castro no lo perdonó. Tampoco que hubiera aceptado un té a la Primera Dama de la Casa Blanca en 1970, a pesar de que  justamente en aquellos momentos el Presidente Richard Nixon daba la orden de comenzar la retirada de soldados que combatían en Viet Nam, de establecer relaciones entre Estados Unidos y la República Popular China y de dar el primer paso para un acuerdo sobre limitación de armas estratégicas entre Moscú y Washington.

Hoy, tanto la izquierda esquizofrénica latinoamericana, la Unión de Escritores y Artista de Cuba -UNEAC- y el tozudo y obstinado Fidel Castro, continúan pensando que hay una taza de té en el pasado de Nicanor Parra.

Es por eso que fue una sorpresa para muchos ver en La Gaceta de la UNEAC, que al cabo de más de dos décadas y a los siete años de fallecer el periodista cubano, se publicara la entrevista en junio del pasado año.

Liberal honesto, en dicha entrevista, Parra no da su brazo a torcer con la Casa de las Américas, cuando le retiró la invitación como jurado de poesía del Premio Casa 1970, ni ante todos los sumisos y obedientes intelectuales  cubanos que rompieron con él.

En la sede de la UNEAC, donde nunca más se pudo pronunciar su nombre, compartí con Parra, cuando por los años sesenta nos ofreció un seminario de antipoesía a un grupo de poetas, miembros de la Sección de Literatura, algo que para mí fue fundamental en todo lo que escribí posteriormente.

Guardo su único libro publicado en 1969 por Casa de las Américas, dedicado por él, como uno de mis más grandes y queridos tesoros.

Su visión liberal del pasado y del futuro, hoy más evidente y convincente que nunca, lo coloca en un lugar cimero ante aquellos intelectuales extranjeros de su generación que continuaron aceptando dádivas del castrismo: publicación de sus obras, hospedaje gratuito en lujosos hoteles, estancia en las mejores playas, a cambio de cooperar con una guerra ideológica contra Estados Unidos, aprobar una dictadura con tres mil fusilados, miles de presos políticos, éxodos masivos, destrucción de un comercio próspero, etc., etc.

Como si se tratara de una profecía o de algo más profundo, dijo por último al periodista cubano enviado: “Fidel debiera creer en mí”.

Sabemos por qué lo dijo. La historia ha absuelto al gran poeta chileno.

 

 

 

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