Publicado: Vie, 30 Ene, 2015

El Martí periodista

Foto Tomada de Internet La Habana. A José Martí no se le puede recordar como un gran periodista cubano, ni de América, sino del mundo. El legado de su obra es letra viva, una clase magistral para el cronista contemporáneo que pretenda hacer un periodismo útil  y de avanzada.

Bajo el sello de Martí, o de Orestes, seudónimo que utilizó ocasionalmente, en sus artículos aleccionó sobre ciencia, tecnología, cultura, comercio, política, arquitectura; y aconsejó de hasta cómo dormir con gorra o de las nuevas vajillas que usar para tomar té.

Aún era muy joven, tenía 15 años, cuando publicó su primer soneto llamado 10 de Octubre, en el periódico clandestino Siboney. Sin embargo, no fue hasta el año siguiente, el 14 de octubre de 1869, que comenzó a ejercer sistemáticamente el periodismo desde las páginas de El Diablo Cojuelo. Solo nueve días después se arraiga a un nuevo periódico: La Patria Libre, de mayor formato por poseer más páginas y con mejor calidad el papel. En La Patria Libre publica su conocido poema Abdala.

El 21 de octubre de 1869 Martí fue arrestado y condenado a presidio, por lo que su labor como periodista quedó interrumpida hasta el 1 de febrero cuando llegó a España deportado. A partir de entonces  comienza a labrar una obra que según algunos investigadores, resulta incalculable, pero que se sabe supera los 800 artículos y crónicas, y que además le valió para ser reconocido como el más universal de los cubanos.

En la Madre Patria, mientras estudiaba las licenciaturas en Derecho Civil y Canónico, y en Filosofía y Letras, Martí se reencuentra con el don de la palabra. Trabaja en el periódico La Soberanía Nacional, donde refleja con el artículo “Castillo”, toda la miseria humana del presidio político cubano. Luego responde desde las páginas de El Jurado Federal, los ataques anticubanos que integristas madrileños circulaban reiteradamente a través del diario La Prensa.

Pero la verdadera carrera periodística de José Martí no explota hasta su llegada a México, en febrero de 1875. En la tierra de Benito Juárez  comienza a bregar, blandiendo la pluma, desde la revista El Universal, espacio que le brindó reconocimiento y nuevas oportunidades. Poco después, en 1877, se trasladó al Federalista, tribuna en que publica “Extranjero”, artículo en el que expone las causas del por qué abandona ese país, donde manda la voluntad de un caudillo militar.

A su partida de México pasó un largo periodo en Sur América. Allí escribió para los periódicos El Progreso Y El Guatemalteco, de Guatemala. El 11 de noviembre de 1877 escribe, desde este último diario, un manifiesto condenando una intentona de derrocar al presidente. Días más tarde muestra el carácter del gran periodista, y denuncia en carta a su amigo Manuel Mercado el castigo riguroso que el presidente y sus seguidores dan a los conspiradores.

Posteriormente, Martí prosigue viaje a Venezuela. El 28 de enero de 1881 el diario La Opinión Nacional, uno de los más importantes del país, en una de sus páginas expresó enorme satisfacción por la visita realizada por el ilustre cubano a sus instalaciones. Aquel viajero había llegado y, sin sacudirse el polvo del camino, ni preguntar donde se comía o dormía, fue a rendir tributo ante la estatua de Simón Bolívar.

Pronto  terminaría escribiendo para La Opinión Nacional, y otras publicaciones morochas como la Revista Venezolana.

Un paréntesis muy importante en la vida de José Martí fueron los casi 15 años de exilio en Nueva York. Allí promueve y divulga los avances científicos y tecnológicos que se llevan a cabo especialmente en los EUA. Escribió sobre estos temas porque para él, “El periodista ha de saber, desde las nubes hasta el microbio”.

Sus crónicas de esa época reflejaron los aportes de numerosas personalidades profesionales, intelectuales, políticos y militares estadounidenses. Entre ellos se encuentran el presidente Cleveland, los ingenieros Roebling, padre e hijo, universalmente recordados por El Puente Brooklin, hoy devenido icono de modernidad; Thomas Alva Edison, por sus aportes sobre la electricidad; el ingeniero sueco estadounidense Jhon Ericsson, creador de los barcos de propulsión a hélices; de los generales Grant, Sheridan, entre otros muchos más. Martí fue uno de los más destacados cronistas de los EUA entre 1880 y 1895.

En especial dejó su huella en el diario La América, donde en 1883 trabajó como colaborador. Para expresar la ilusión que sentía en el nuevo medio, escribió para la historia: “No hay nada como la entrada de un hombre sincero a un periódico útil”.

Tres meses después ya estaba al frente de la sección de Letras. Cuando comenzó a dirigir la publicación, definió: “No periódico queremos que La América solamente sea; sino una poderosa, trascendental y pura institución americana. Este es nuestro periódico de anuncios”.

En Nueva York escribió además para “El Economista Cubano”, “El Avisador Cubano”, “El Avisador Hispanoamericano”; para la revista “La Juventud”, “La Revista Ilustrada”, entre otras colaboraciones menos llamativas.

Como buen periodista ocupó, regocijó y estimuló las facultades mentales y retóricas de su público. Sin dudas, alcanza su mayor estatura periodística cuando el 14 de marzo de 1892 funda el periódico Patria, en la ciudad de Nueva York, devenido órgano del Partido Revolucionario Cubano.

Este nuevo proyecto, según el Maestro, “Fue creado para juntar y amar, para vivir en la pasión de la verdad nace este periódico”. El órgano de prensa se convirtió en un arma insustituible para forjar la unidad de los cubanos en torno a su partido y para fraguar la guerra que tres años después organizó y llegó a dirigir.

Ante tamaño legado, no es casualidad que el máximo premio del periodismo nacional haga honras a José Martí, aunque en los caminos del oficialismo las enseñanzas del más universal de los cubanos pierden su esencia proverbial.

Su vocación precursora, lo llevó a describir preceptos sobre la prensa que hoy son premisa del periodismo innovador, novedoso, pero ético y responsable. De ella manifestó:

“La prensa no puede ser en estos tiempos de creación, mero vehículo de noticias, ni mera sierva de intereses, ni mero desahogo de la exuberante y hojosa imaginación. La prensa es Vinci y Ángelo, creadora del nuevo templo magno e invisible, del que es el hombre puro y trabajador, el bravo sacerdote”… “Tiene la prensa periódica altísimas misiones, es la una explicar en la paz, y en la lucha fortalecer y aconsejar. La prensa no es aprobación bondadosa o ira insultante, es proposición, estudio, examen y consejo”.

¿Son estas las características de la prensa a la que tenemos acceso los cubanos de hoy?

 

Escribir un comentario

XHTML: Ud.puede utilizar los siguientes tags html: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>