Publicado: Vie, 9 Ene, 2015

La mujer negra en el periodismo cubano del siglo XIX

Periodistas La Habana. Un sector subvalorado en la sociedad cubana aprovecha nuevas oportunidades para superarse e integrarse a la nación

La sociedad civil cubana adquirió una nueva dimensión con las concesiones establecidas  por España a la “siempre fiel Isla de Cuba” durante  el periodo de entreguerras (1), ya casi a finales del siglo XIX. Diversos fueron los cambios que se produjeron en esta etapa que influyeron definitivamente en la reestructuración de la futura sociedad. Las leyes de Asociaciones, de Reunión, de Imprenta, de Abolición de la Esclavitud, aprobadas entre 1879 y 1886, permitieron la  integración, proyección y movilización de nuevos actores sociales.

El derecho a la prensa –no necesariamente de la prensa-,  instituido por Ley dentro de las nuevas prerrogativas, abrió una fisura en el muro -hasta entonces infranqueable- en torno al papel de los sectores negros y mulatos en la conformación de la sociedad cubana, así como en la defensa de sus derechos civiles.  Los periódicos y revistas “de color”  se dedicaron a ilustrar la complejidad de una realidad insular debatida entre la tradición y la modernidad.

Juan Gualberto Gómez, Martín Morúa Delgado, Rafael Serra, Margarito Gutiérrez, entre otros, desde periódicos como La Igualdad, La Fraternidad, El Ciudadano, se destacaron como periodistas negros y mestizos partidarios tanto de los ideales separatistas como de la construcción de un Estado Nacional, ya fuera por las vías autonomistas, reformistas, anexionistas o independentistas, según las opciones políticas en aquel entonces.

La prensa femenina en esta época también reveló las preocupaciones de la mujer negra y mestiza en relación a las luchas civiles y raciales que también se llevaban a cabo desde el Directorio Central de la Raza de Color. A pesar de no poseer personalidad jurídica para ocupar cargos incluso en la dirección de sus revistas, desde la prensa la mujer negra colaboró con el proceso de organización y unificación de las fuerzas sociales a partir de la abolición de la esclavitud en la isla.

Vinculadas en algunos casos a la experiencia de la guerra, o insertadas en el nuevo movimiento reivindicativo, la aspiración fundamental de las representantes de esta prensa era la búsqueda de igualdad social, cultural y política, con énfasis en la educación y superación de este sector. Con similares preocupaciones se funda Minerva, una “revista quincenal dedicada a la mujer de color”. La revista, de edición limitada y corta duración –noviembre 1888 a julio 1889-  se hizo eco del desarrollo intelectual alcanzado por las mujeres en esta etapa.

Críticas y reseñas sociales, artísticas, deportivas; noticias; la crónica social; comentarios; la literatura en diversos géneros: poesía, epistolario, formarían parte del esquema que definió a la publicación promovida dentro y fuera del país. Las diferentes secciones estaban a cargo de un grupo de mujeres, aunque aparecían en su formato sólo como colaboradoras. Entre ellas se destacaron Úrsula Coimbra de Valverde, América Font, África Céspedes, Lucrecia González, Pastora Ramos,…entre algunas otras.

La línea editorial de Minerva estuvo centrada en develar la dualidad de su objeto de discriminación: por mujeres y por negras. Las demandas sociales de la mujer, la emancipación jurídica, los problemas raciales y de género, el matrimonio, los hijos ilegítimos, la falta de educación, la marginación social y cultural, los estereotipos culturales,  podrían mencionarse –desde una perspectiva contemporánea- como los principales temas dentro de la publicación.

Décadas después, en plena República, el Congreso Nacional de Mujeres celebrado durante los años veinte retomaría algunas de estas demandas sociales. Con asiduidad la revista se adscribía a las posiciones, intereses y propósitos educativos, culturales, benéficos de las Sociedades de Color, especialmente a la labor realizada por el Directorio Central de la Raza de Color (negra).

Minerva se insertó igualmente en la corriente de reafirmación nacional que entre los grupos negros y mulatos de la isla expresó políticamente sus vínculos con los ideales independentistas. Este movimiento, encargado de reforzar sentimientos de pertenencia y cubanía, facilitó la inserción y validación social de los sectores negros dentro de la República, sobre todo en el proceso de integración nacional. La prensa femenina, y dentro de ella Minerva,  sentó, sin lugar a dudas, un precedente importante respecto al  papel de  este medio de información en la defensa de los derechos sociales y civiles dentro de la sociedad cubana.

Notas:

Referencia a las guerras de independencia de 1868-78, 1879-80 y 1895-98.

 

 

 

 

 

 

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