Publicado: Mar, 10 Feb, 2015

La Revista Bohemia: Símbolo de una traición

Fidel y Quevedo Primera Parte

Muy cerca estuve de aquella historia que no se me apartó jamás de mi mente: lo que ocurrió entre Miguel Angel Quevedo y Fidel Castro.

En la prensa cubana, monopolizada durante más de medio siglo por el régimen castrista, apenas se ha nombrado a Miguel Angel Quevedo. Ni siquiera el pueblo ha podido conocer la carta que hizo antes de quitarse la vida aquel joven inteligente y audaz, que en 1926 ocupó la dirección de la Revista Bohemia, propiedad de su padre.

Respetuoso representante de la Sociedad Interamericana de Prensa -SIP-, siempre fue un ferviente admirador de la libertad de prensa, del ¨derecho a réplica¨ y de la democracia. Rechazó la intervención estatal y fue, según aquellos con los que él trabajaba a diario, un liberal convencido, como también lo fuera José Martí, nuestro Apóstol.

La lucha violenta insurreccional, dirigida por Fidel Castro, siempre encontró cabida en las páginas de la Revista Bohemia. Tal vez por eso algunos han llegado a pensar que Miguel Angel Quevedo simpatizaba en algo con el comunismo.
Falso.

En sus comienzos como director de su Revista, también se había solidarizado con quienes lucharon contra el dictador Machado. Elogió en sus páginas el modo de vida norteamericano y fue un crítico tenaz del marxismo-leninismo, del socialismo soviético y del fascismo. En 1943, fundó la Sección En Cuba, dedicada a denunciar la corrupción y la politiquería.

En los años cincuenta, bajo la dictadura de Batista, la Revista Bohemia tenía por lo general una tirada de 315 mil ejemplares cada semana, un ejemplar por cada 21 cubanos de entonces. No había ocasión en que no se mencionara algún hecho relevante de la lucha en la Sierra Maestra.

Quevedo era un admirador de los líderes políticos nacionales que a él le parecían honestos y sinceros. Tal vez en algún momento pensó así de Fidel Castro.

En su Revista fueron publicados cientos de reportajes denunciando violentos enfrentamientos entre la policía de Batista y los insurrectos. Sin embargo, en dos ocasiones el líder guerrillero se quejó de que dos de sus artículos periodísticos más importantes habían sido rechazados por Quevedo. Como conocemos a Fidel, es muy posible que no le haya perdonado nunca que fueran echados al cesto de la basura y le envía una carta con fecha 6 de noviembre de 1956, donde le dice: ¨…ni siquiera espero de usted ningún favor futuro que compense el daño de hoy. Me limitaré a quedar tranquilo con mi conciencia.¨

¿Acaso el periodista experto en asuntos de la política se había decepcionado del líder guerrillero? Si fue así, ¿por qué entonces el 26 de julio de 1958 le publica en Bohemia el Manifiesto de la Sierra Maestra, por primera vez en la prensa nacional, donde Fidel Castro exhortaba a la unidad entre las organizaciones clandestinas que luchaban contra la dictadura de Batista?

Sería interesante indagar más en esta historia, silenciada en Cuba y en ocasiones contradictoria.

¿Quién era en verdad Fidel Castro –seguramente se preguntó a solas Miguel Angel Quevedo- , el joven rebelde al que tanto había ayudado su Revista? Fue a los pocos meses del triunfo revolucionario castrista que su capacidad de percibir la realidad, herencia tal vez del viejo periodista que había sido su padre, lo hizo reaccionar, aunque demasiado tarde.

Escuché la versión de su salida del país, al pedir asilo político el 16 de julio de 1960 en la Embajada de Venezuela. Contaba el propio Enrique de la Osa que el primero en saberlo había sido él y que de inmediato llamó por teléfono a Fidel para comunicárselo.

-Asume tú la dirección de Bohemia, Enriquito. Que todo continúe igual, le ordenó el Comandante en Jefe.

Ese día la Revista más famosa de Latinoamérica, comenzó a morir, porque sólo recibía órdenes de Fidel.

A pesar de su obediencia, de la Osa no fue el mejor relevo de Quevedo. Para nada le interesaba lo que sucedía en la Redacción. Se interesaba demasiado por la buena bebida escondida en su despacho y su amante La Coronela, como la llamaba. Su hermano Tony ejercía realmente las labores de director, mientras Enrique se limitó a ser su figura decorativa, aceptado de forma permanente por el gobierno comunista para que jamás confesara que fue el inventor de las 20 mil víctimas de la Revolución, en su Sección En Cuba.

La Revista Bohemia dejó de existir aquel fatídico 18 de julio de 1960. Pasó a manos del dictador cubano, así como la Patria.

Nunca más una voz disidente, como había sido la de Fidel Castro, se volvió a leer en Bohemia. Por primera vez en su medio siglo de existencia, Cuba dejó de tener libertad de expresión y prensa como pilares de la estabilidad política, social y económica de cualquier país.

Como lo había advertido José Martí: ¨Sólo la opresión debe temer al ejercicio pleno de las libertades¨.

Febrero 2015

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