Publicado: Vie, 20 Feb, 2015

¿Libertad de prensa en el socialismo?

La mediatización del embargo La Habana. La libertad de prensa es la existencia de garantías en la que los ciudadanos tienen el derecho a participar en el desarrollo de medios de comunicación cuyos contenidosno están controlados por los poderes del Estado. En resumen, es la solución democrática para que todo hombre o mujer pueda publicar sus ideas con libertad y sin censura previa.

Desde la invención de la imprenta, atribuida a Johannes Gutemberg en 1456, el trabajo periodístico ha experimentado un constante crecimiento en el desarrollo de su objeto como ciencia y en el cómo expresarlo.

En la modernidad, la mayoría de los países apoyan con normativas el ejercicio de la prensa libre. Suecia fue la primera nación en adoptar una legislación a favor de la libertad de prensa, con su famosa “tryckfrihet” del dos de diciembre de 1766.  En los Estados Unidos, este derecho está garantizado por la Primera Enmienda de la Constitución.

Sin embargo, según plantean organizaciones internacionales como Reporteros Sin Fronteras, cerca de un tercio de la población mundial vive en lugares donde no existe libertad de prensa. Mayoritariamente esta población reside en países en los que no hay un sistema democrático, o en uno que posee serias deficiencias.

Los conceptos de libertad de prensa son profundamente amenazantes para estos países, donde el control estricto al acceso de las informaciones es un punto crítico en las acciones de subsistencia política. Para este fin los gobiernos no democráticos monopolizan los medios de prensa, empleándolos como una maquinaria propagandística en función de mantener las bases del poder político y de contrarrestar cualquier intento de medios o de periodistas individuales de desafiar las líneas oficiales del gobierno.

Coincidentemente, la casi totalidad de estados que ponen restricciones a la prensa, basan su gestión gubernamental en un sistema político de principios socialistas, donde el poder gira en torno a la fuerza militar y el mono partidismo.

Desde la interpretación socialista, la libertad de prensa es vista de manera teórica como una libertad positiva, que se presenta como parte del derecho que tienen todos a una parte compartida de los bienes públicos, por lo cual todos tienen derecho a formar parte de los medios de comunicación y a expresar los criterios acordes al pensamiento popular.

Contradictoriamente, esa participación de la ciudadanía en los medios es finalmente controlada por el Estado, quien escudriña cada información persiguiendo el rastro de cualquier publicación dañina para sus intereses.

De acuerdo a Reporteros Sin Fronteras, en el bloque de países que menos respetan la libertad de prensa se encuentran las repúblicas de Eritrea, Corea del Norte, Irán, Myanmar y Turkmenistán, todos regímenes totalitarios. En la lista también aparece Cuba.

En estos países es común la intimidación de periodistas, desde simples amenazas a sus carreras profesionales  hasta amenazas de muerte, detenciones, secuestros, torturas y asesinatos.

En el caso cubano, la historia de la libertad de prensa está separada en dos etapas, posee un antes y un después del triunfo guerrillero de Fidel Castro en 1959.

A diferencia de otros países encausados en la democracia, en la isla los poderes estatales administran los 19 órganos de prensa y las dos agencias de prensa que existen en el país, medios que funcionan mediante cánones políticos e ideológicos que deben cumplir los comunicadores del oficialismo.

En la palestra dichos medios prevalecen como un vehículo expreso de propaganda pro comunista, con censores ideológicos que solo reflejan las sensaciones del sentir popular simpatizante con el modelo político, de modo que no todos ven su postura representada en los medios a los cuales tienen derecho como propiedad pública.

Incluso, una masa importante de seguidores del estado desea una reforma democrática dentro del propio socialismo, para distinguirse de los socialistas totalitarios que requieren del dominio absoluto de la propiedad colectiva.

Envuelto en la cresta de la censura se halla el sector independiente de la prensa, un movimiento de comunicadores ciudadanos que operan fundamentalmente desde la única plataforma que el gobierno no puede controlar del todo: el ciberespacio.

De cierta manera, en los últimos veinte años esta manifestación del periodismo moderno ha ido desarmando la utopía que significa el secretismo de la prensa oficial. Cada nota informativa, artículo o crónica  publicada desde sus filas, desentraña ante la opinión pública internacional los misterios de la convivencia en la isla.

La respuesta gubernamental contra el gremio se ciñe a la medida de lo tolerable por un régimen de facturación militar. Aún en una época donde el desarrollo cívico de la humanidad da una importancia especial al respeto de los derechos del hombre, los Órganos de la Seguridad cubana mantienen el único departamento de enfrentamiento a la prensa existente en el mundo.

Año tras año más de cien periodistas no oficialistas son objeto de represión política. En 2003 el clima de opresión condujo al encarcelamiento de 26 practicantes del oficio, detenidos durante la llamada Primavera Negra.

Pero no siempre fue así. Los libros de historia, esa que rara vez se cuenta desde la institucionalidad nacional, y algunos que ya peinan canas o que sencillamente cuentan con un acervo de conocimientos sobre el tema, nos recuerdan que en Cuba hubo una época en que la prensa era libre e independiente.

En aquel entonces confluyeron más de cien periódicos en todo el país. Algunos sobrevivieron un poco más de tiempo mientras otros sucumbieron a la abundante competencia. Como resultado la prensa nacional se prestigió con la colaboración de varias de las figuras más influyentes en la política, la literatura y las artes de Latinoamérica y el país.

Por solo citar uno de aquellos periódicos, desde las páginas del Diario de la Marina, considerado ”El Decano de la Prensa en Cuba”, entre otras personalidades publicaron sus artículos Raúl Roa García, Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Regino Boti León, Juan Gualberto Gómez, Nicolás Guillén y Leopoldo Marechal.

Casualmente en esa época, anterior a 1959, no teníamos socialismo en la isla.

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