Publicado: Mar, 24 Feb, 2015

María Collado Romero, un rostro de mujer en la vanguardia del periodismo cubano

Foto de wikipedia-Maria_Collado_y_Romero La Habana. El 17 de marzo de 1885 el central “Cimarrones”, de la antigua provincia La Habana, hoy “Carlos Rojas” de la provincia Matanzas, vio nacer a una de las cubanas más prominentes en la historia del periodismo nacional.

Sus padres le dieron bautizo bajo el nombre de María Josefa de la Santísima Trinidad Collado Romero, pero años más tarde habría de ser conocida en el ámbito periodístico como María Collado Romero, a secas, o por los pseudónimos “Orquídea”, “Margarita del Campo” y “Margarita Salvaje”.

A la Collado, que también se le recuerda como una excelente poetiza, de poco le valió nacer en el abrigo de una familia de clase alta. Los prejuicios sociales de la época suscitaban la crítica destructiva contra la mujer emancipada o capaz de emprender labores tradicionalmente cubiertas por el género opuesto, y su caso no fue la excepción.

Sobre tales circunstancias construyó una profusa carrera dedicada en pleno a la lucha por los derechos femeninos. Entre muchos merecimientos, en su trayectoria profesional se alzó con los premios de periodismo Varona, dos veces, el Álvaro Reinoso y el premio Víctor Muñoz. Por demás, la historia reconoce a la osada mujer como la primera reportera y cronista parlamentaria de Cuba.

Corría 1913 cuando irrumpió en los medios como periodista articulista de la revista “Protectora de la Mujer”, publicación que le brindó la posibilidad de darse a conocer y desde donde reclamó incesantemente la derogación de legislaciones que despojaban a la mujer del derecho a votar o trabajar en el sector del comercio.

A la par del quehacer en Protectora de la Mujer, a finales de la segunda década del siglo XX descolló como la gran periodista y comenzó a colaborar con los periódicos Patria Nueva, Cuba Nueva y La Lucha, e incursionó por vez primera en los espacios radiales a través del noticiero “Radio Continental”. En 1920 fue investida como directora de publicidad del Club Femenino de Cuba.

Durante 1924, la presidenta del Partido Nacional Sufragista, Amelia Mallén, la nombró su vicepresidenta. Más tarde, debido a conflictos generados por artículos suyos increpando al presidente Gerardo Machado y a la postura del partido con respecto al mandatario, Collado abandonó el partido y formo su propio Partido Demócrata Sufragista, del cual fue la primera presidenta.

Poco después fue llamada como redactora de la página femenina del periódico La Discusión. También trabajó en el diario La Noche como cronista parlamentaria y reportera en el Palacio Presidencial. En esa época además colaboró con el Heraldo Liberal, La Noche y la revista Bohemia.

A mediados de 1929 funda y edita en condición de directora la revista La Mujer, que se mantuvo vigente hasta 1942, convirtiéndose en la publicación feminista más añeja de la etapa republicana.

La revista La Mujer jugó un activo papel en la orientación profesional de muchos jóvenes periodistas en aquellas décadas. Fundamentalmente apoyó la formación de nuevas periodistas antes de la creación de la escuela “Manuel Márquez Sterling”.

Para finales de los años 30, María Collado Romero era vista como un pilar de la lucha por los derechos femeninos. Las ideas invectivas que en relación a la situación de la mujer promulgaba en cada una de sus publicaciones, atrajo, además de la crítica costumbrista, la censura de varios gobernantes de turno, quienes intentaron por varias vías aplicarle la mordaza.

Como reportera y cronista parlamentaria, tributaria de varias estaciones de radio y de la prensa escrita, nacional y extranjera, los círculos de poder de sucesivas administraciones quisieron apartarla del eje de los acontecimientos y eventos vinculados al Palacio Presidencial.

En 1940, cuando gobernaba Fulgencio Batista, se prohibió que Collado siguiera formando parte del equipo de periodistas que cubrían las noticias en el Palacio.

Entre 1944 y 1948, durante la presidencia de Ramón Grau San Martín, el vocero de prensa del Palacio Presidencial le negó su acreditación. En su réplica ella argumentó que la discriminación se debía a “mi condición de mujer y quizás de mujer decente”.

En una ocasión, el Ministro de Obras Públicas invitó a los periodistas de su sector a visitar determinadas obras que se construían, cuando Collado fue a subir al vehículo que salía del ministerio se lo impidieron, con el pretexto: “Esto no es para mujeres”.

En otra ocasión se extendió una invitación para un almuerzo a los periodistas que daban seguimiento a las sesiones del Senado, sin embargo la omitieron a ella. Al día siguiente cuando pidió explicaciones, un periodista de apellido Cabús, director del Diario de Sesiones del Senado, le expresó que aquello había sido “una fiesta de relajo en la que no tenían cabida mujeres”, y que acabara de darse cuenta que “las mujeres en el periodismo estorban y son una calamidad”.

A pesar de las adversidades, María Collado Romero se mantuvo firme. La combinación que mantuvo como periodista y activista ayudó en la conquista de derechos civiles comunes hoy, pero impensables entonces.

Apoyó la Ley de la Silla hasta que por fin esta fue habilitada. Dicha ley, en esencia, obligaba a los comerciantes a dejar sentarse a las mujeres durante la jornada de trabajo. También presentó la petición de que los empleados de comercio tuviesen un horario libre para almorzar.

A instancias suyas, el gobierno de Grau San Martín cambió el nombre de la calle Chaple por el de General Lacret, en honor al destacado jefe mambí, así como se mandó a erigir un monumento en su honor en Lacret y la Vía Blanca.

De la vida y obra de Collado se conoce todo, o casi todo. Se sabe que trabajó en la radio en importantes noticieros como el Noticiero RHC, Cadena Azul, el Noticiero 1010, y que fue fundadora del noticiero CMBY. Residió gran parte de su vida en la calle Lacret, entre las calles San Francisco y Centurión, en el capitalino municipio 10 de Octubre.

En 1960 parecía que su lucha finalmente había coronado, cuando fue admitida como miembro de la naciente Federación de Mujeres Cubanas. De esa fecha en adelante la historia al parecer olvidó registrar los detalles acerca de la existencia de la incansable luchadora, ni siquiera se recuerda cuando llegó a su ocaso. Se dice que murió entre finales de los sesenta y principio de los setenta.

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