Publicado: Mar, 3 Mar, 2015

Cuando comenzó la censura totalitaria en Cuba

Foto tomada de Internet La Habana. Aunque fue nombrado “Año de la Reforma Agraria”, en realidad 1960 debiera llamarse “Año de la censura totalitaria”.

A partir del 24 de febrero de 1960, como fichas de dominó, Fidel Castro se apropió de todos los medios masivos de comunicación: el periódico “El País”, “El Mundo”, las emisoras de radio y televisión…

Todos fueron incautados a punta de pistola.

Hasta Bohemia, aquella revista que tanto se ofreció para publicar los escritos que él enviaba desde México o la Sierra Maestra, fue confiscada. Su director-dueño y amigo suyo, Miguel Angel Quevedo, no esperó que lo echara como un perro contrarrevolucionario de su despacho y unas horas antes de ser nacionalizada su revista, se asiló en la Embajada de Venezuela, el 18 de julio.

De esa forma, no hay duda alguna, el gobernante histórico, al sentirse dueño de la verdad absoluta, comenzó a controlar el pensamiento del pueblo a través de sus medios de difusión. Su objetivo estaba claro: hacer que todos los cubanos pensaran como él.
Pero, ¿tuvo suerte el líder guerrillero en hacer que el pueblo fuera capaz de seguirlo en su empeño de lograr otra Cuba, al mismo tiempo que reprimía su libertad? ¿Por qué el nuevo jefe de gobierno le temía tanto al ejercicio pleno de las libertades? ¿Por qué trató a la prensa como si fuera un fuerte adversario de su naciente Revolución?

Fiel admirador de Napoleón Bonaparte, también creyó que “cuatro periódicos hostiles es más de temer que mil bayonetas”.

En 1960 el máximo líder no sólo se apoderó de los medios de prensa, sino que persiguió a los periodistas como si se trata de ejércitos enemigos. De esa forma huyeron del país cerebros pensantes como Jorge Mañach, Luis Aguilar León, José Pardo Llada, Agustín Tamargo, cientos de periodistas que incluso habían combatido a la dictadura de Batista.

También nuestro Apóstol hubiera huido, él que pedía respeto a la libertad y al pensamiento ajeno, aún del ente más infeliz, porque ese era su fanatismo. “Si muero, -terminó diciendo-, o me matan, será por eso”.

O el mismo Fidel, cuando recordamos que en marzo de 1958, en carta enviada desde la Sierra a Pardo Llada, comentarista radial, escribió:

“Es un derecho muy legítimo de la prensa cubana estar informada sobre todas las cuestiones de interés nacional. Hay confusión porque la prensa no tiene acceso a las fuentes de información, porque a los periodistas no se les permite venir a la Sierra Maestra, derecho del pueblo en conocer lo que ocurre aquí.”

En aquellos momentos la ciudad de La Habana, con un millón de habitantes, poseía 20 periódicos, más de 30 emisoras de radio y 5 canales de televisión, muy superior a cualquier otra capital del mundo.

Cuando alcanzó el poder, Fidel Castro declaró el 2 de abril de 1959 ante las cámaras de la televisión que él no concebía, ni lo haría nunca la Revolución, “perseguir al católico porque es católico, al protestante, porque es protestante, al masón, porque es masón, a La Marina, porque sea un periódico derechista, o perseguir a otro porque sea de izquierda… Lo democrático es lo que estamos haciendo: respetar todas las ideas”.

Pero mentía. El fue y no otro, quien ordenó incluir en los editoriales y noticias que no estaban de acuerdo con la Revolución, las llamadas coletillas, a partir del 26 de diciembre de 1959.

Varios periódicos acudieron al Tribunal Supremo por aquella violación a la ley, pero fue inútil.

El periódico Avance, al negarse a publicar aquellas coletillas, alegando la libertad de expresión, fue asaltado por un grupo de revolucionarios castristas y tomaron por la fuerza el inmueble, aprobado públicamente por Fidel Castro. También hicieron lo mismo varias emisoras de radio y como respuesta, se creó un organismo llamado Frente Independiente de Emisoras Libres –según sus siglas: FIDEL-, para implantar la censura totalitaria en los medios de información.

En aquella ocasión, la Sociedad Interamericana de Prensa -SIP-, declaró: “En Cuba, donde hace un año hubo regocijo porque la prensa una vez más había recuperado la libertad después de la fuga del dictador Batista, esa misma prensa se ve ahora frente a decomisos, confiscaciones y colectivización, porque expresan opiniones disidentes que no son del agrado de los que gobiernan hoy en Cuba”.

Pasaron los años y la censura totalitaria se hizo ley en 1976, cuando entró en vigor la nueva Constitución, la que en su capítulo IV reconoce la libertad de palabra y prensa, conforme a los fines de la sociedad socialista, algo fácil de lograr si la prensa, la radio, la televisión y otros medios masivos, son propiedad del gobierno, para que un pueblo piense igual que sus gobernantes.

Santa Fe, marzo, 2015

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