Publicado: Mar, 24 Mar, 2015

¿Continuarán gobernando los militares?

Falsos honorables-foto Aleaga Paesant La Habana. El general Raúl Castro tiene anunciado su retiro para menos de dos años, quizá justo cuando se celebre el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba. Y el 2017 también será el escenario para modificaciones del aparato legislativo cubano de acuerdo a una nueva Ley Electoral. Son eventos que tienen tufillo de relación con una especie de nueva cara del régimen. Sea casualidad o no, el caso es que coinciden con el desarrollo del hecho más trascendental en las últimas décadas: el arribo, esta vez real, de los “americanos”, a carabina con la normalización de las relaciones proclamada en diciembre pasado.

Pero habría que preguntarse si con ello el régimen imperante pretende adecuar la nación para asimilar favorablemente esa aproximación del Norte, y todos los beneficios que podrá traer consigo, o si por más obcecación, intenta reestructurar el país para una nueva etapa de “resistencia al Enemigo”.

De ser lo segundo, que por la rutina acostumbrada, parece probable, ¿tendríamos a otro general-presidente? ¿Y sería de esta misma familia, que parece no poder desprenderse de la misión rectora y absoluta del país que se ha impuesto a sí misma? ¿Y además, el individuo coronado también tendría la dirección del Estado, el “secretariado supremo” del único partido político permitido? ¿Y por igual encabezaría el Consejo de Estado y el de Ministros, en la inercia de poder heredada de sus predecesores? ¿Continuaría el inmovilismo de cota militar asediada en el que la población es un subordinado sumiso y obediente?

Son muchas preguntas necesarias. Estamos en un tilín de ser universalmente declarados personajes de “Lost”, habitantes de una isla-inopia, detenida forzosamente en el tiempo, y todo por voluntad de una doctrina de gobierno militarizado que ha durado demasiados años.

Una oportunidad de evitar que el país continúe arando en campo yermo lo ofrece la perspectiva de renovar el vínculo comercial, económico y social con el mercado más grande del mundo, afortunadamente muy cercano a nuestras costas. Pero eso requerirá la desmilitarización efectiva de la sociedad y la apertura garantizada para que las energías creativas sean por fin libres de buscar el bienestar con su esfuerzo.

Por definición que nos deja este sufrido presente, ese cambio no se podría emprender con un militar ocupando un cargo civil como es la presidencia de la nación. Sería crispante y más innecesario que nunca en estos momentos de apertura y normalización de relaciones con el hasta ayer “Enemigo”. Como sea, la realidad se impone: es improcedente con la buena marcha de una nación de civiles que no debe estar en guerra con otra cosa que no sea la pobreza. Y lo prueba el desastre que nos humilla a diario.

El presidente Eduardo Santos, actual mandatario de Colombia, renunció al cargo de general y a la dirección de las fuerzas armadas de su país para ocupar la máxima magistratura. Y sin embargo, encabeza una nación que aun enfrenta los rezagos de una guerra interna aun vigente. Desde esa perspectiva de comparación, ¿para qué haría falta otro general-presidente en Cuba? ¿Qué guerra silenciosa se pretendería seguir sosteniendo, y con quién, para que la nación continúe siendo una unidad militar en eterna preparación combativa?

Son excesivos años jugando a una guerra y peligro de invasión inminente que hace demasiado dejaron de tener algún viso de realidad. De haber sido así, ¿en los setenta y ochenta del pasado siglo se habría enviado tantas tropas y armamentos al otro lado del Atlántico por más de quince años, dejando inerme a la nación frente a un poderosísimo “Enemigo” a sólo 90 millas?

Los fracasos sonados de una dirección económica basada en el favoritismo a empresas militares de inescrutables finanzas, incontables proyectos de megalomanía sin resultado, la permanente cortapisa a liberar la productividad, la creatividad, la multiplicación de la riqueza y el comercio privado de la población denotan el pavor castrense ante la libertad y autonomía. Sin embargo, son necesidad imprescindible para salir de un inacabable ínterin de miseria institucionalizada. No nos hace falta un futuro de diadocos.

Latest posts by Alexandro del Valle (see all)

Escribir un comentario

XHTML: Ud.puede utilizar los siguientes tags html: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>