Publicado: Mar, 10 Mar, 2015

Los poetas periodistas

Enrique Serpa La poesía y el periodismo nacieron en Cuba bajo estrellas iguales. Valdría decir, atendiendo a razones de época, que son hermanos gemelos. De ahí, acaso, la urgente delectación con que, a lo largo de nuestra historia literaria, los cultivadores del verso se han acogido, para poder vivir, al amparo de la prosa periodística.

En nuestros días, la tradición iniciada por Manuel de Zequeira y Arango ha tenido unciosos cultores. A tres nombres ilustres de la poesía cubana su renacimiento glorioso. Esos tres poetas -¿será necesario repetirlo?- son: José Manuel Poveda, Agustín Acosta y Regino Boti. Y de los tres, el único que en ningún momento ha tenido el periodismo como profesión, es Regino Boti. Hombre de gabinete, de erudición, de meditaciones solitarias, el autor de “Arabescos Mentales” ha permanecido lejos del diarismo.

En la generación que sucede a la de Poveda y Acosta, o sea, en los hombres que ahora van de los treinta a los cuarenta años, son muchos los poetas que han dedicado su vida al periodismo. Quiero citar, en primer término, cual un homenaje conmovido, el nombre de un poeta ya desaparecido: Rubén Martínez Villena, que dedicó algún tiempo de su existencia breve y gloriosa a las tareas periodísticas…

Después saltan a mi memoria los nombres de otros poetas periodistas. Andrés Núñez Olano. Cincelador de impecables sonetos parnasianos… Ramón Rubiera, autor de “Los Astros Ilusorios”, un libro que brilla con resplandor impar en nuestra historia poética. Federico de Ibarzabal, tipo extraordinario entre nosotros… Arturo Alfonso Roselló, acaso el último de nuestros poetas románticos… José Z. Tallet, uno de los renovadores de la poética cubana… Ernesto Fernández Arrondo, que olvida sus vibrantes poemas patrióticos, para atender la página política del “Diario de la Marina”. Mariblanca Sabás Aloma, urgida de ansias de renovación social. Alberto de Jesús Calvo, el benjamín de los poetas-periodistas. José Navarro Montes de Oca, que después de haber publicado

“La Sonrisa de Sátiro” un libro de promesas, se ha refugiado en el anonimato del reportaje sin trascendencia. Hilarión Cabrisas, popularizado por un poema drolático que vale infinitamente menos que otros poemas suyos. Regino Pedroso, que dio con “Nosotros”, libro de honda resonancia social, un sonoro toque de lucha de clases… Nicolás Guillén, máximo cantor de los temas vernáculos… José Rodríguez Díaz, que tiene en su producción bellos versos eróticos. Y Gerardo del Valle, que alterna la publicación de versos de vanguardia con el heroico esfuerzo de sostener revistas efímeras.

En Oriente, otro poeta: Enrique Cazade, ha silenciado su musa sentimental para consagrar su pluma a las informaciones políticas.

Otro poeta-periodista aún: Manuel Navarro Luna, escritor fuerte, lírico admirable que, con otros espíritus a fines, ha luchado por mantener en Manzanillo, ese gran signo de la cultura cubana que es la revista “Orto”.

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