Publicado: Mar, 28 Abr, 2015

LA PRENSA CUBANA TIENE DUEÑO

Diario Juventud Rebelde La Habana. Guardo un viejo articulito escrito por la periodista oficialista Marina Menéndez Quintero, escrito el 5 de mayo de 2001, que todavía me inspira deseos de reír.

Comienza diciendo esta colega, que entonces no era todavía la directora del periódico Juventud Rebelde, que ¨la libertad de prensa¨ transita por dos vías: omiten o, sencillamente, censuran. Y que junto a la democracia representativa y la falsa defensa de los derechos humanos –para ella en minúsculas- conforma la trilogía de la mentira en que se sustenta el ¨gran poder¨.

Está claro: los comunistas, cuando llegan al poder, ese poder les parece poco. Quieren más. Luchan por ¨el gran poder¨ para así poder maniatar al mundo, convertir a la prensa en instrumento de agresión, que manipula, oculta y miente.

El pequeño monopolio de la información que posee el régimen cubano, adolece de tantos y tantos defectos, que hasta el propio General Raúl Castro, uno de sus principales propietarios, en 2010 se fue al pueblo de Victoria de las Tunas y allí reunió a los trabajadores del Periódico 26 y les dijo cómo hacer periodismo.

Descubrió la rueda ese día el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros. Tanto, que sus consejos representaron ¨una verdadera lección acerca del modo en que los periodistas deben de trabajar¨.

En pocas palabras: El General hizo un llamado para ejercer un periodismo de investigación. ¨Escudriñar a todas las fuentes de información. NO CEJAR HASTA ALCANZAR LA VERDAD¨.

¿Qué les parece? ¿Se habrá olvidado el General de cuántos periodistas independientes han ido a prisión por no cejar hasta alcanzar la verdad?

¿Se habrá olvidado a cuántos años un fiscal mediocre e incondicional del comunismo condenó a nuestros mejores periodistas independientes: Raúl Rivero, Manuel Vázquez Portal, Ricardo González, Adolfo Fernández Saínz, Jorge Oliveras y muchísimos otros, los que escribían honestamente, sinceramente. Lo que brotaba de sus corazones, como diría Martí?

Aquellos periodistas, muchos de ellos desterrados, le concedían su justo valor a los hechos, ejercían sus criterios, no flotaban al compás de compromisos formales, consignas huecas o de la fanfarria con que la prensa propiedad de la dictadura cubana adorna realidades y arropa insuficiencias.

Aquel día, el General sucesor dio un llamado claro y directo a la prensa cubana: defender a la Revolución y a su más alta dirección política.

Más claro ni el agua. El que se salga un milímetro de esa orden, va de cabeza al calabozo con una patada en el trasero, donde han estado tantos y donde hay algunos todavía.

No olvidemos que todo comenzó con la estrategia de las coletillas a los artículos de opinión, publicados en decenas de periódicos libres al inicio de la llamada Revolución, hasta que todos pasaron a manos de Fidel Castro y fueron desapareciendo poco a poco hasta quedar unos pocos, fáciles de tener bajo control gubernamental, exclusivos para su propaganda.

Por eso, repito, el articulito de la colega Marina me inspira risa. Ella, que es parte vocera del monopolio castrista de la prensa cubana, responde a sus intereses sin pudor alguno.

Está de acuerdo con la censura. Su lápiz rojo ha de funcionarle bien para mantenerse en el cargo como directora de un periódico que pertenece a ese monopolio, no tan amplio por suerte. Jamás en su vida se atrevería a conversar con la prensa independiente, ofrecerle un pequeño espacio para que pueda ejercer su derecho a opinar en la prensa de nuestro país. Diría lo que dicen todos los que piensan como ella: ¨no dialogar con títeres de los Estados Unidos¨.

Pero el que no dialoga es porque tiene miedo a ser convencido por el contrario, es porque sabe que sus argumentos son débiles, porque sabe que en Cuba sólo hay libertad para dialogar con los que bajan la cerviz.
Así de sencillo. No hay más vuelta a la tuerca.

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