Publicado: Mar, 30 Jun, 2015

La prensa futura en Cuba: competencia a tres bandas

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Periodistas La Habana. Luego de varias rondas de conversaciones, la demora en la concreción de las relaciones Cuba-EUA comienza a generar incertidumbres y, por momentos, de este lado de la orilla parece haber muerto el frenesí que despertó en el pueblo la noticia sobre el cambio de política anunciado por el presidente Barak Obama, el pasado 17 de diciembre.

De groso modo, la teoría más multitudinaria arroja sobre el candelero la falta de intención del gobierno nacional de alcanzar acuerdos inmediatos y definitivos con el enemigo natural del último medio siglo. Para la mayoría de la gente, Raúl Castro, por medio de sus negociadores, con exigencias difíciles de complacer pretende aletargar el proceso hasta crear bases que permitan al sistema político resistir la penetración del efecto capitalista.

Empero, la sensatez más elemental indica que tras las valientes acciones del mandatario norteamericano, existe un plan estratégico confeccionado anticipadamente con la asesoría de un equipo de trabajo capaz de prever las reacciones y requerimientos que puedan surgir. Más bien, la dilación del entendimiento y los comedidos reportes y comunicados de la prensa oficial, a “ojo de buen cubero” delatan que el intercambio diplomático se encuentra en una fase de trueques, asimilaciones forzosas y prerrogativas de compensación que deben pasar inadvertidas a la opinión pública.

Consecuente con la dirección del forcejeo político, nadie dude que pronto aparezcan nuevas tretas con efecto de espejismo para contentar a la ciudadanía criolla en tanto se identifican otros topos que justifiquen parte de las viejas negligencias y comiencen a cargar con las que están por venir. Pero las relaciones bilaterales van, tanto por circunstancias biológicas como históricas, la fruta está madura y lista para caer. Además, Obama ya lo ha dicho.

Llegada la hora cero, sería oportuno valorar qué costos y beneficios concretos puede traer a los cubanos de a pie el estrechón de manos entre Washington y La Habana. Y es que los cambios siempre van a ser la antesala de un nuevo futuro, pero no obligatoriamente del progreso. En el mejor sentido de la palabra, tendremos que permanecer bien atentos, porque nunca se llega a estar tan mal que no se pueda estar peor.

Para el gremio de periodistas independientes, la vuelta a la página pone en suspense la continuidad y expansión de lo logrado, tanto por lo bueno como por lo malo que traerá el “paquete”.

El arreglo diplomático entre las dos naciones debe marcar un punto de modulación en el objeto de trabajo y lucha cívica de la oposición interna. A favor de nuestro crecimiento, los pronunciamientos de Norteamérica versan por el empoderamiento de la sociedad civil, con el movimiento de comunicadores a la cabeza.

Por causa y efecto parece improbable que el fortalecimiento de la alianza suceda por cauces diferentes, porque a tenor de lo visto en la última década, para los círculos contestatarios sería muy involutivo no espesar los humos de la manifestación que ha conseguido con mayor éxito chantar cara a los abusos del régimen.

No obstante, otras situaciones sobre el tablero apuntan a trastocar cualquier orden beneficiario de la influencia que puedan ejercer los EUA.

Existen tres cuestiones medulares que condicionarían el desarrollo del gremio y la profundidad del servicio a prestar, y que de antemano recrudecen el contexto de inserción a la amalgama de movimientos que generarían los supuestos cambios.
En primera instancia queda claro que pase lo que pase prevalecerán las directrices políticas fundamentales del régimen, manteniendo en la agenda los mecanismos de represión contra el periodismo desafecto.

Remediar la opresión hacia la opinión libre, hasta los días de hoy continúa siendo un asunto inaccesible a los factores externos. De acuerdo a las premuras de censura, las agresiones hacia nuestros comunicadores se pueden disparar hasta tonos extremos, similar a lo ocurrido en abril del 2003.

Otro componente negativo se desprende de las intenciones del Estado de mantener maniatada la opinión pública. La apuesta consiste en “quemar las pajas” y redireccionar las tareas de la Unión de Periodistas de Cuba, de modo que sintonice con las tendencias internacionales del periodismo democrático.

Particularmente, y poco a poco se comienza a ver, se cultivan nuevas líneas críticas que abordan temáticas de interés apremiante. Aunque a priori se entiende que la estrategia es una cortina de humo, con críticas veleidosas cuando más en carácter constructivo, para que la empresa ande por caminos factibles urge mitigar los efectos que pueda crear la prensa independiente en condición de competidora y de sector presto a desempolvar las interioridades convenientemente maquilladas.

Un tercer inconveniente al periodismo independiente subyace en el propio contexto del cambio. Desde antes de la invención de la imprenta, la prensa, confeccionada y comercializada de forma insípida, ya era un negocio particular en crecimiento.

Por supuesto, la apertura al empresariado capitalista también incluye al sector que se dedica a la prensa y otras formas de interlocución con lucros de por medio. Como posibilidad latente tendríamos que contemplar una futura competencia a tres bandas, entre el periodismo oficial, el independiente y el que llegará representando a los grandes medios internacionales.

Más allá del apoyo que podamos recibir de Organizaciones No Gubernamentales internacionales o del mismísimo protector del Note, es apreciable que en esta confrontación partimos en clara desventaja.

Pero estos son solamente preocupaciones y criterios de un modesto colega. Trabas, de toda índole, es lo único que comúnmente hemos tenido a borbotones, y aun así coexistimos cada vez con mayor presencia.

Como quiera, prevenir es la mejor forma de protegernos. Por ahora, sin dejar de dormir con un ojo cerrado y otro abierto, busquemos a toda costa la forma de capacitarnos y profesionalizar a un nivel superior el trabajo que hacemos. Esa, seguro, será la mejor cosecha, y la mejor herramienta de defensa ante cualquier situación adversa.

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