Publicado: Mar, 21 Jul, 2015

El espejismo de un huracàn

Jean-Paul Sartre Durante los primeros meses del Triunfo de la Revolución castrista, no fueron pocos los periodistas e intelectuales de las letras francesas que se volcaron sobre la isla cubana, ansiosos por ver lo que tanto se comentaba: grupos de barbudos lograron tomar el poder a tiros, una hazaña que recordaba el golpe de estado bolchevique, ocurrido cuarenta y tres años antes.

El primero en pisar tierra caribeña, el 22 de febrero de 1960, y por último en octubre del mismo año, de forma muy breve, fue Jean-Paul Sartre, acompañado de su esposa, también reconocida intelectual, Simone de Beauvoir. Ambos querían conocer in situ, la realidad cubana.

Escribieron un libro, Huracán sobre el azúcar, e incluso en La Habana se publicó otro sobre el recorrido de estos dos célebres escritores y periodistas por toda la isla.

A partir de ese año, no volvieron a Cuba. El ¨huracán¨ se había convertido en un espejismo para ellos. En una ocasión, el filósofo galo dijo haberse topado ¨…con menos barbas en toda la isla que en una tarde en Saint-Germain-des-Prés¨ y que la revolución cubana ¨era una medicina de caballo, que a veces había que imponer por la fuerza¨.

Sartre y Simone murieron en la década del ochenta.

La avalancha de periodistas franceses de los grandes medios de París que vinieron a Cuba por aquellos meses, aún no se olvida. Claude Julien de Le Monde, K.S. Karol, René Dumont, Françoise Sagan, de L Express, el cineasta Chris Marker, Jean Daniel, Régis Debray y muchos otros.

Sin embargo, casi todos se marcharon perplejos y no tan satisfechos como esperaban. Sartre, Simone y la Sagan no volvieron.

René Dumont señaló, como algo vital para una sociedad que se transforma y en fecha tan temprana, el desorden que vio en los asuntos económicos.

El 11 de agosto de ese año 1960, L Express publicaba un extenso artículo de la famosa novelista y reportera de ese medio, Françoise Sagan, sobre los fusilamientos de partidarios del régimen anterior, que ocurrían en Cuba.

La Sagan lo dijo claramente: ¨Regresé perpleja¨. Además se refirió en su artículo cómo Fidel Castro había expresado que no realzaría elecciones en Cuba, cómo la prensa ya se veía amordazada, mientras las cárceles comenzaban a llenarse de opositores.

Chis Marker, en su filme La batalla de los 10 millones, realizado en 1970, retrata a un Fidel Castro comediante y demagogo, razón por lo que fue prohibió en Cuba. Ese mismo año, ante la represión que el régimen cubano desataba contra un grupo de escritores, Sartre expreso: ¨¡Eso es ya demasiado¡¨

Por aquellos años se recuerda, como dato curioso, que Marie-George Buffet, la Secretaria General del Partido Comunista Francés, jamás puso sus pies en Cuba.

De esa forma, la Revolución Cubana pasó de moda no sólo en Francia, sino en otros muchos países del mundo.

Regis Debray, quien demoró en descubrir el monstruo que albergaba el castrismo, escribió en 1996: ¨Tenía la sensación de entrar en una interminable cadena de sacrificados felices, de la que las brigadas internacionalistas, junto con nuestros partisanos, formaron el último eslabón¨.

El reinado de Fidel Castro tanto se estremecía en Europa, sobre todo por los años sesenta y setenta, que cuando el poeta Heberto Padilla fue obligado por la policía política en 1971 a retractarse de sus criterios sobre la situación cubana, cientos de intelectuales firmaron una carta de condena al Máximo Líder Histórico de la Revolución, declarándolo violador de los Derechos Humanos, específicamente, de la libertad de prensa y de expresión.

Santa Fe, julio 2015

 

 

 

 

 

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