Publicado: Mar, 25 Ago, 2015

Desastre ético

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SOCIALES (66) La Habana. El periodismo oficialista está lleno de deudas, sobre todo por el balance contextual que ofrece de los fenómenos que informa y por la manera de representar –en caso de que se incluyan todas- las partes involucradas en los hechos que componen estos fenómenos. Y queda debiendo mucho al oficio porque, a diferencia del sector independiente -por ejemplo-, se forma a plenitud con los programas interdisciplinarios de la pirámide de formación profesional del sistema educativo nacional, dotándose de las herramientas necesarias para ejercer cualitativamente a la altura de las más exigentes tendencias internacionales.

El propio término “oficialista” circunda los fundamentos de las deficiencias. Funcionar como una extensión absoluta de los canales de comunicación del régimen, limita cualquier suficiencia que pueda existir en la composición del gremio. No por gusto en los sistemas democráticos se establecen leyes que impiden, a las fuerzas políticas vinculadas al Estado, ejecutar dominio sobre los medios de comunicación y sus políticas editoriales.

La omisión de sucesos de interés común y la ligereza con que se abordan los espacios de debate especializados, dejan una sensación de penumbra periodística inducida.

Fundamentalmente, la percepción de que por encima de la obligación de satisfacer la demanda de informaciones existe una categorización moral que delimita las libertades de imprenta y expresión, saca de las bambalinas que la factoría del producto mediático tiene una realidad manipuladora dirigida a controlar los estados de opinión. Los filtros ideológicos valoran que para la población el desconocimiento puede ser malo, pero peor puede resultar para el sistema que esta se instruya demasiado.

El qué se puede saber y cuánto de ello conviene que se sepa, se selecciona a través de una estimación moral –no siempre proporcional a lo ético- de los fenómenos y de la conducta de las personas, recreando una imagen eterna del “bien y del mal” en la cual se mide por igual la postura política, ideológica y religiosa de todos los hombres.

Expedita queda la función del periodista en los medios no prohibidos. Una partida infinita se juega entre los que llevan las riendas y los que tienen que encabezar artículos con su nombre, en relación a lo que se indica y lo que debe hacerse.
En este punto se bifurca la audacia profesional de la necesidad de subsistencia, y se comienza a practicar una moral en “calzoncillos” donde no solo los comunicadores, sino los intelectuales en general, se someten a las ordenanzas para ganar el derecho de optar por los proyectos que dejan alguna calderilla en divisa.

Bien sean oportunistas o alabarderos, es fácil detectar cuando vician los contenidos. Lo mismo analistas políticos alagan al vecino del norte que tantas veces reprendieron, que comentaristas deportivos pierden el hilo de la narración de un espectáculo por hacer una oda a los cinco espías cubanos. Los profesionales del periodismo oficialista, muchos considerados de cabecera, utilizan la apología para trepar en el medio.

En tanto, en el rejuego se desestima la calidad del producto final que se trasmite al destinatario. La opción de sacar cada cual sus propias conclusiones, queda extirpada por la metodología de un periodismo precoz y obsceno que comunica de todo menos lo veraz y útil.

No existe un solo género o temática que se aborde con la plenitud requerida. Los reportes informativos surgen cuando los temas ya pululan en el lenguaje popular, se abordan como una medida para contrarrestar los comentarios en las calles. En cuanto a la profundidad de los análisis y las investigaciones, a pesar que los oficialistas si tienen acceso a las fuentes ideales, no tocan la fibra de la problemática –o no se publican- y ofrecen resultados encausados por fórmulas multi repetidas que no sobrepasan los efectos teóricos.

Se le vierte suficiente tierra encima, como para que no salga nunca a la luz, a aquellos asuntos incomodos y a aquellos que siendo iguales expresan en discursos diferentes los detalles que escapan de la plana autorizada.

La promoción de censuras extemporáneas se sustenta despectivamente en la representación trifurcada del gremio contraparte que opera sin más evaluaciones que las reacciones positivas o negativas de los lectores. La perenne valoración del fin y los medios utilizados para conseguirlo, condiciona cualquier lógica exponencial de las funciones objetivas del periodismo y de los medios de comunicación.

La modalidad de triunfalismos parece la única variante utilizable para reflejar la realidad nacional, amén de una gran habilidad que ocasionalmente se usa para endosar culpabilidades expiatorias.

Hablar de oficialismo, en los términos periodísticos de la Cuba castrista, equivale a la supresión de lo elementalmente ético. Niega la tolerancia a la diversidad en la más preliminar forma de crítica o de pensamiento desarraigado a las bases ideológicas y totalitarias del régimen. Viene a ser una fase superior e institucionalizada de perpetuar y suavizar ante la opinión pública internacional, el silencio cómplice que una vez aceptamos como pueblo.

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