Publicado: Mar, 20 Oct, 2015

La carga negativa de Enrique de la Osa

Enrique de la Osa en compañia Nicolás Guillén y otros La Habana. En la prensa castrista no se ha escrito todo lo necesario sobre Enrique de la Osa -1909-1997 -. Ni una biografía existe sobre su vida y su larga trayectoria como periodista, aunque el régimen castrista, a través de enciclopedia EcuRed, señale que se trata de un “periodista líder por la calidad y audacia de su periodismo de investigación y apego a la verdad”.

Este personaje, beodo casi siempre, algo diabólico y difícil de entender para aquellos que trabajamos junto a él, fue el que inventó en las páginas de Bohemia, en 1959, donde escribía la famosa sección En Cuba, las veinte mil víctimas de Batista, una carga negativa que arrastró hasta su muerte.

Es posible que por esa y otras razones de la Osa se convirtiera en director de dicha Revista en 1960, nombrado por Fidel Castro, porque aquella falsa, exagerada e insólita cifra, le vino al nuevo caudillo cubano como anillo al dedo.

Así, De la Osa aceptó dirigir Bohemia a partir de 1960 hasta 1971, a pesar de que en 1960 comenzaba a desaparecer la libertad de prensa.

En Cuba existía ya una situación mucho más insólita que la de 1956: todos los medios de comunicación fueron pasados a la fuerza a manos del Estado, representado por un gobierno que se negaba a realizar elecciones, para decidirlo todo a puertas cerradas y apoyado sólo a través de mítines políticos con unos miles de cubanos y no a través del sistema electoral tradicional donde puede participar toda la población.

El 29 de enero de 1956, Enrique de la Osa había publicado en Bohemia un artículo titulado “¡Basta ya de mordaza¡” Aparece incluido en el tercer tomo de su obra periodística, de la Editorial Ciencias Sociales de La Habana, en 2008.
En el primer párrafo dice así:

“La situación es insólita, aún dentro de un régimen que no brilla por su respeto a la libertad de expresión. Las prerrogativas civilizadas que las Naciones Unidas estamparon en su carta histórica y que todo gobierno cubano está obligado a respetar, por su responsabilidad intrínseca como perteneciente a esa asamblea universal de Estado, son desconocidas por el autoritario régimen que prevalece en Cuba”.

Luego se refiere a “…la necesidad de hallar una solución digna, con todos y para el bien de todos, a la dilemática nacional”.
Cuatro años después, convertido ya en un mentiroso de marca mayor, se hace cargo de la Revista Bohemia y trata, por medio del alcohol, de olvidar su carga negativa, que evidentemente le afectaba. Yo pude darme cuenta de su dilema psicológico, cuando trabajé a su lado como reportera. Si alguien mencionaba las 20 +mil víctimas de Batista, enrojecía y se encerraba en su despacho.
Han pasado los años. Todavía muchos se preguntan cómo es posible que un periodista, sin miedo alguno para denunciar con su pluma atropellos, injusticias, en fin, violaciones a los Derechos Humanos, en gobiernos anteriores, haya sido capaz de echar por la borda su prestigio intelectual y ridiculizarse de esa forma para la historia.

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