Publicado: Mar, 6 Oct, 2015

Lo que no se dice sobre el inicio de la 2da Guerra Mundial

tomada de internet El 1 de septiembre pasado, en la página 5 del diario “Granma” se publicó un artículo de Linet Perera Negrín, intitulado “El país que sirvió de pretexto para la Segunda Guerra Mundial”. El trabajo hace un breve resumen de los acontecimientos que precedieron al ataque alemán a Polonia y que desencadenaron la 2da Guerra Mundial otro 1 de septiembre, hace 76 años.

Pero a estas alturas del siglo XXI, con tanto que aun se profundiza sobre la devastadora conflagración, es realmente inconcebible que cuando se aborde este asunto de la agresión a Polonia, se obvie precisamente el acto que lo facilitara: el pacto secreto nazi-comunista entre los regímenes de Hitler y Stalin para dividirse Polonia, firmado justo una semana antes del ataque germano, y las consecuencias criminales que produjo.

En esa componenda, ambas potencias se garantizaban la anexión de zonas territoriales en países vecinos e independientes. A la URSS se le reconocía la potestad para apoderarse de la mitad oriental de Polonia y de las repúblicas de Estonia, Lituania y Letonia. Además, se le daba el visto bueno para actuar por igual contra Finlandia.

El día 17 de septiembre, antes que el ejército polaco se rindiera, las fuerzas soviéticas irrumpieron en Polonia por la frontera oriental del país. Justificaron la invasión con la “quiebra del Estado polaco” y el peligro que corrían rusos, ucranianos y bielorrusos que vivían allí y estaban “abandonados a su suerte.” (1)

Más de un millón de soldados soviéticos ocuparon siete provincias. Por un decreto del día 29 del mismo mes, todos los habitantes de la zona anexada eran soviéticos. Las tropas del NKVD y el ejército asolaron sin coto durante una semana, asesinando a terratenientes y campesinos, policías, negociantes, funcionarios locales y políticos y estableciendo una vasta red de informantes a su servicio. Se estatizó la propiedad y se detuvo a todo aquel que pudiera tener contacto con el extranjero, incluyendo a hablantes de esperanto y coleccionistas de sellos.

Más de un millón de ciudadanos, entre prisioneros de guerra y familias, fueron deportados en cuatro grandes movidas. Los padres de familia eran separados y enviados a los campos de trabajo forzado del círculo polar ártico ruso en el Extremo Oriente. Allí perecieron por decenas de miles en las minas de oro de Kolymá y Magadán. Sus parientes terminaron en las inhóspitas estepas de Kazajastán, abandonados a su suerte, sin refugios ni comida. Miles murieron de frío y hambre.

En las nuevas “provincias “bálticas no fue nada mejor. Con poblaciones muy pequeñas, de apenas dos millones de habitantes en conjunto, de Lituania fueron deportados a Siberia 31, 000 políticos e intelectuales; de Letonia 30, 000; y en Estonia, 60, 000 terminaron entre deportados, muertos o presos.

Ambas potencias ocupantes acometieron el mismo procedimiento de liquidación de elementos intelectuales y políticos que pudieran organizar la resistencia a los invasores. Además, siendo la Gestapo alemana y el NKVD soviético los mejores amigos, los alemanes entregaron a desertores del régimen bolchevique que vivían en Polonia y los soviéticos retornaron judíos refugiados de las purgas nazis y hasta comunistas alemanes que escaparon de Alemania. Esta espacio es insuficiente para abundar sobre la generosa y constante entrega de materias primas que industria bélica nazi recibiera de la URSS r la mientras Gran Bretaña se debatía bajo la invasión alemana en lo que se denominó la Batalla de Inglaterra.

Sin embargo, en algo superaron los totalitarios rusos a sus nuevos socios. En las locaciones soviéticas de Jarkov, Kalinin y sobre todo Katyn (donde se diera el macabro hallazgo de una fosa con 8,000 oficiales polacos asesinados, y más tarde se encontraran otros sepulcros con miles de víctimas), fueron ejecutados alrededor de 22,000 ciudadanos polacos deportados (2). El descubrimiento de este apartado boscoso cercano a Smolenks lo protagonizaron las tropas alemanas en 1943, tras invadir la ex -compinche URSS. Los nazis, curándose en salud, certificaron la pesquisa forense con expertos suizos de la Cruz Roja Internacional.

Esta evidencia fue presentada por la defensa como argumento desestimador de la acusación de los principales criminales de guerra nazis juzgados en el Tribunal para Crímenes de Guerra en Nuremberg, en 1946. De hecho, parte de los jueces y fiscales que los juzgaban eran representantes del mismo régimen cuyo dictador fuera personalmente responsable de esa atrocidad de guerra (3). Sin embargo, temiendo el desbarranque del proceso ejemplarizante, la moción concluyó alevosamente desechada por los embarazados aliados occidentales. Por supuesto, no busquen este episodio en el tan manoseado libro sobre el tema de Boris Polevoi. Lo ignoró como el “Granma”.

Notas:

1- Declaraciones soviéticas sobre Polonia, 17 de septiembre de 1939, en G. Kennan, ed., Soviet Foreign Policy 1917–1941 (New York, 1960), Document 32, p. 179. Citado en Russia´s War, de Richard Overy, Nota 31 del capítulo 2, publicado por Penguin Books, 1999.
2- Ver Invasión soviética de Polonia en 1939, en Wikipedia.
3- Detalles en Malcher, Blank Pages, pp. 23–35 Cifras de los POWs (prisioneros de guerra) de J. Erickson, ‘The Red Army’s March into Poland, September 1939’, in Sword, Soviet Takeover, p. 22. Overy, op. cit. Capítulo 2, Nota 34.

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