Publicado: Mar, 27 Oct, 2015

Sencillo homenaje de gratitud y de admiración

Foto tomada de Internet Miami. Dolorosa siempre es la partida de un hermano del presidio político de Cuba. Esta vez nos ahonda la herida el fallecimiento de Jorge Valls, quien supo darse a querer por sus buenas acciones y esa ternura diáfana que repartió a raudales en su fecundo tránsito por la vida.

En contraste con su humildad, hay un conjunto de virtuosas singularidades que agigantaron la personalidad de este poeta que escribió con belleza y pasión sus vivencias y las del mundo circundado de rejas adonde fue injustamente confinado. Más de 20 años de ensañada prisión fue el precio que se vio obligado a pagar por defender los valores humanos y la libertad de su pueblo.

Fue este insigne cubano un iluminado de Dios, a quien amó por encima de todas las cosas. De ese Dios que lo impregnó de sabiduría y de fe para sonreír y empinarse triunfal más allá de las peores adversidades y le abrió, con toda seguridad, las puertas del cielo para esa vida eterna rodeada de ángeles y trenzas de luz multicolor que ampliamente supo merecer. Se me antoja pensar, que en la paz espiritual de sus sueños muchas veces supo Jorge imaginar para su vida eterna el más bello y radiante refugio celestial.
Para quienes tuvimos el privilegio de compartir junto a este hermano del alma un espacio de tiempo prolongado, casi una eternidad, en la azarosa vida del presidio político cubano, no podemos dejar de describir la pureza de su cristiandad, no solamente en su formación religiosa sino también en la transparencia de sus actos cotidianos.

Como legado histórico, más que a la humanidad presente, llena de incomprensiones e indiferencia ante el dolor ajeno, deja Jorge a las futuras generaciones el ejemplo de su transparente compasión, de su extraordinaria sensibilidad humana. Y les deja los valores de una obra literaria impregnada de belleza, que escribió a sangre y fuego en la hoguera de su celda, donde siempre, a pesar de las grandes penurias, encontró una astilla de lumbre para calentar sus arterias y unos sorbos de mágico oxigeno que le permitieran continuar respirando libertad. Porque fue un hombre libre, sí; mucho más libre que sus carceleros, a pesar de las rejas, a pesar todas las miserias psicológicas y físicas con que en vano sus verdugos intentaron doblegarle su espíritu irreductible de prisionero político plantado.

Sé que mucho lo extrañaremos; que mucho vamos a extrañar su sonrisa franca, su manera de armonizar, y hasta su ocurrente forma de contradecir, que usualmente lo hacía para divertirse a sí mismo o para ir como el salmón, cascada arriba, río arriba en contra de la corriente. Como si quisiera dar un ejemplo de armonía y convivencia posible dentro del mágico círculo de la democracia, defendía el derecho ajeno con la misma pasión con que defendía sus propios derechos. Sin embargo, fue implacable con las dictaduras y con los tiranos que vestían de rejas a la libertad y mostraban desprecio por la dignidad humana. ¡Ese fue nuestro entrañable amigo Jorge Valls! Ese hermano al que hoy le decimos hasta luego, con un nudo que nos aprieta la garganta y una lágrima amarga empozada en el corazón.

Descansa en paz, hermano en el combate contra quienes imponen cadenas a nuestro pueblo infeliz y siembran odio, desolación y muerte en los surcos de la Patria. Hermano en la poesía, en el disfrute del canto del sinsonte y el tomeguín de nuestra tierra. Hermano en el tañido de las olas que bañan el arrecife de esa isla que flota a la deriva, pero con hombres como tú más temprano que tarde encontrará un puerto seguro donde echar el ancla.

Tu misión en este mundo de tránsito ya ha sido cumplida. Lo hiciste dignamente, con valor y estoicismo.
Cuando esta noche miremos hacia el cielo, probablemente encontraremos allí una nueva estrella, radiante, invencible, de pie sobre el firmamento, iluminando el camino hacia la libertad por la que tanto hemos luchado.

Ernesto Díaz Rodríguez
Ex Prisionero Político Cubano.
Secretario General de Alpha 66

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