Publicado: Vie, 30 Oct, 2015

Una realidad que se impone

Foto del autorLa Habana. Lamentablemente, aun nadie aborda en serio el anómalo esquema que desde  su mismo origen tiene el desarrollo de la oposición política y pacífica al régimen militar en nuestro país.

Por su definición natural, los partidos y grupos políticos son expresión y resultado materializado de los proyectos y propósitos de la sociedad civil constituida, no a la inversa. En Cuba  surgieron numerosos grupos políticos, mas no ocurrió lo mismo con las asociaciones civiles  que podrían otorgar firme basamento y representatividad innegable a los propósitos políticos que estas generaran.

Mas para estas agrupaciones políticas de la oposición fue más preponderante una agenda de denuncia a las constantes arbitrariedades y violaciones de los derechos ciudadanos por parte del régimen militar que la conciliación de intereses comunes y organizados en la conformación de una verdadera sociedad civil. Ante el cerrado aislamiento para la sustentación material instrumentado por la represión política del régimen, utilizado como método de anulación y final disolución de estos grupos,  la base económica para poder sostenerse con vida recabó más allá de las fronteras.

El flujo de ayuda provino del exilio nacional, de los Estados Unidos y de otros posibles interesados en la democratización de nuestro país. Esta anómala situación finalmente logró  fijar posiciones obcecadas no solo en el núcleo más oscurantista y temeroso a los cambios del régimen militar sino en sectores acosados de la misma oposición.

Ahora este inmóvil escenario de décadas ha sido sacudido por un nuevo y sorprendente giro de la Historia, la que siempre nos sorprende. El 17 de diciembre de 2014 estableció un punto de viraje determinante en el rumbo que hasta entonces llevaba la nación antillana.

En las establecidas posiciones adversarias del escenario nacional irrumpe un nuevo y poderoso actor, determinante para las realidades actuales y el futuro del país. Su presencia se está haciendo más visible cada día, independientemente de los deseos, tanto el gobierno militar como por los componentes opositores que lo desaprueban. Sencillamente, ambos, como resultado de sus propias agendas históricas, no cuentan con peso suficiente para impedir esta creciente influencia.

Como ninguno de los dos bandos controla las fuentes socio-económicas, culturales, políticas y diplomáticas norteamericanas, es imposible que puedan regularlas. Estas fuerzas de la nación vecina están librándose de sus propias ataduras legales, las que les impedían influenciar en nuestro país. Durante decenios, los impedimentos del embargo le otorgaron tranquilidad al régimen militar cubano para empeñar a la isla en sus cábalas. Mas ahora esa masa de primer mundo se empieza a desencadenar con todo su gigantesco peso en Cuba, presionando cada vez más al oficialista inmovilismo.

Los Estados Unidos están abocados a transformar el país. Ninguna negación de la realidad, o empeño ideológico y conceptual son capaces de detener esto. Es un proceso que no está en manos de nadie en particular. Es una progresiva inercia hacia el bienestar y la modernidad. No importa el desgastado mensaje oficial, con constante y machacona rememoración de un esquema del pasado basado en los avatares de la dependencia neocolonial al vecino del Norte o escrúpulos de añejado nacionalismo. La elección es más que palpable en el instintivo pronunciamiento del pueblo llano, cada vez más portando vestidos y emblemas con la bandera de la Unión.

Y es que en el escenario nacional ningún estereotipo del pasado sustituye la desesperante escena del presente, un padecer de carestías y prohibiciones que, en agotadora constante y hasta el final de la existencia, dejan fuera las propias posibilidades de resolverlas.

La mentalidad de cazadores-recolectores para lograr sobrevivir el día que se le ha fijado al pueblo con este método no está impidiendo que la gente cubana, en creciente número, se lance de cabeza hacia esa modernidad rediviva y al beneficio que significará ser, no bañados, sino inundados por las inconmensurables aguas norteñas. El argumento del filme “¡Bienvenido, Mr. Marshall!”, de García Berlanga, adquiere ahora una configuración antillana mucho más particular con  una popular canción de Willy Chirino: Ya viene llegando…, ya todo el mundo lo está esperando….

Estados Unidos es la única fuente que la gran mayoría de los nacionales identifican como una posibilidad real y concreta para salir del esquema de la pobreza, no las exhortaciones esquemáticas hacia el nebuloso futuro que reitera el gobierno militar. La transformación de un país indigente, ignorante del mundo y atrofiado por la brutalidad, masificación y violencia militarista va hacia algo que nadie puede imaginar aun. Gracias a los defectos multiplicados en el carácter de la nación por el aislamiento y el prolongado parapetamiento mental, tampoco es posible prever cuánto de este cambio inevitable incluirá de bueno o malo.

Mas tampoco nada tendrá que ver con lo que de seguro nos íbamos a transformar de seguir por el imperturbable rumbo designado por el régimen militar. Hasta hoy, fue trazado en la carne y la sangre de la nación, por demasiado tiempo empobrecida para poder seguir considerándolo un experimento creíble, digno de continuar insistiéndose con él.

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