Publicado: Mar, 24 Nov, 2015

El deber de toda prensa

La caida del GranmaDebemos mantener fuera de los periódicos todo lo que sea tendencioso, que confunda intereses egoístas con los de la comunidad, que debilite el deseo común u ofenda la cultura nacional, el honor y la dignidad. El periodismo es una vocación pública que debe ser regulada por la ley.

Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda,
después de la Ley de Prensa del 3-10-1933.

La Habana. El proceso de normalización de las relaciones diplomáticas y económicas entre Cuba y los Estados Unidos semeja ir en un sentido, aunque dando tumbos y frenazos. Si a casi un año de iniciarse, se cuantificara el número de medidas que la nación más al Norte puso en marcha a favor de estos pasos, se comprobaría que la parte cubana parece incapaz de dar los suyos para que el nuevo baile tenga la animación que muchos en la isla esperan.

Mas, en lugar de alegrar al misérrimo pueblo cubano con los acostumbrados ucases, esta vez a favor de la tan esperada y vital aproximación, y hasta reencuentro, el gobierno militar parece encajonarse (léase bien) en el viejo papel de la víctima. Y de esa postura parapetada sólo puede esperarse la conocida cantaleta de reivindicaciones, compensaciones y pedidos de perdón antes de hacer algún movimiento que saque al régimen de la tranquila artritis donde rumia sus resabios y paranoia.

Para darle un poco de coherencia a esta majadería histórica, a pesar de los llamados de la Administración Obama de dejar atrás el pasado y comenzar a mirar hacia el futuro, de los pasillos del poder en Cuba emerge por los medios de comunicación una continua evocación de la versión oficialista del pasado, cargada de acusaciones, advertencias y recordatorios de acciones perniciosas para la de por sí calamitosa salud de lo que se institucionalizó como “la Revolución”.

Mas es en estos tiempos que requieren esos cambios urgentes, donde la supervivencia diaria a la que se ve forzado el cubano puede ser aliviada de inmediato con pasos que faciliten nuevas actividades económicas que lo beneficien directamente de este gigantesco mercado a sólo 90 millas, los medios de prensa son los responsables máximos de abandonar el conservadurismo informativo y comenzar a mostrar las inquietudes y anhelos de la inmensa mayoría de la población, lo que desea y siente el hombre de calles y campos, no el reiterado esquema que baja como verdad.

En su supervivencia, los mitos históricos mucho que le deben a la psicótica repetición de una versión de la realidad.

Tomemos por ejemplo la muy importante fábula del monopolio del 80% de los recursos nacionales que tenía el capitalismo norteamericano en Cuba. Es la más fundamental que conforma el Panteón Olímpico del “proceso” cubano del último medio siglo, simplemente porque otorga a todo este aquelarre una razón para la “lucha armada para la búsqueda de la verdadera independencia”, ya que se daba por supuesto que el capital norteamericano ponía al país en situación de dependencia semi-colonial del “Imperialismo”.

Sin embargo, como la realidad siempre anda de entrometida, los datos reales de la inversión norteña en el país emergen del conveniente olvido, y son bien distintos. Las inversiones norteamericanas en Cuba entre 1934 y 1956 (22 años), produjeron una utilidad entre 650-700 millones, o sea unos 35 millones de dólares-pesos al año, equivaliendo al 5% anual de la inversión total de 700 millones (1), lo que por entonces era normal en una empresa bien llevada y con buena utilidad.

Si se tiene en cuenta que la producción industrial se duplicó entre 1940-1950, y hasta en un sonoro 40% en 1957 (2). Y si se agrega que 38, 384 centros industriales que tenía el país equivalían a una inversión de 3, 300 millones, más otras inversiones por valor de $38, 300, o sea un total general de unos $41, 600 millones (3), de los cuales la “injerencia colonial” norteamericana equivalía a una diminuta parte del capital y el ingreso anual en la isla, nos encontraremos con la verdadera agua en el coco.

Es una simple muestra de lo que no hay que seguir repitiendo, además de una absurda intentona de repletar con pasado páginas que requieren llenarse del vibrante presente. Lamentablemente, son muchas las tergiversaciones acumuladas y sin dilucidar. Pero por algo se empieza. Lo que si no podemos tomar en serio es que la prensa cubana no se inicie por fin en asumir con responsabilidad el gran cambio fundamental que empieza a ocurrir entre ambas naciones, abandonando recordatorios y empeñándose en la realidad de un presente que nos puede beneficiar a todos.

Ya la prensa libre lo está haciendo.

Notas:
1) Fuente: Le Riverend, Julio: La República, dependencia y revolución. Instituto del Libro, La Habana, 1966, Página 348.
2) Una nación para todos: raza, desigualdad y política en Cuba, 1900-2000, Alejandro de la Fuente, Editorial Colibrí, 2000, p. 164.
3) Fuentes: Unión Panamericana; Instituto Interamericano de Estadística, Washington DC; Centro de Estudios Latinoamericanos, Universidad de California, Los Ángeles; Atlas de desarrollo económico de Norton Ginsburg; The University of Chicago Press; The Statistical Yearbook, Organización de las Naciones Unidas (ONU).

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