Publicado: Vie, 6 Nov, 2015

Una mujer dedicada al periodismo

Mariblanca Sabas AlomáLa Habana. Muchas veces me encontraba con ella, ya muy anciana, por la céntrica calle Neptuno de La Habana, donde Mariblanca Sabas Alomá -1901-1983- vivió durante muchos años.

Era una mujer alta, corpulenta todavía, muy conversadora y amiga de tantos, que segura estoy, le costaba trabajo llegar a su casa. Fue siempre una mujer famosa, muy popular, dedicada al periodismo desde que no tenía sus veinte cumplidos y por lo tanto, mucho de qué hablar.

Su vida, muy fértil y llena de acontecimientos trascendentales, la sitúan, sin duda alguna, en un lugar cimero del periodismo femenino en la historia de Cuba. Comenzó escribiendo en los mejores medios de comunicación cubanos, especialmente en los periódicos La independencia, El Cubano Libre, El Diario de Cuba y muchos otros. Y un poco más tarde en la prensa del Diario de la Marina, El País, Prensa Libre, Avance, Revista Bohemia, etc.

Visitó varios países y recibió cursos de superación cultural en la Universidad de Columbia, de Estados Unidos y en Puerto Rico.

En 1944, después de haber realizado una encomiable labor en la prensa nacional y extranjera, fue galardonada con el certificado de aptitud periodística en la Escuela Nacional de Periodismo Manuel Márquez Sterling.

Vinculada como tantas otras a la política, fue ministra en los gobiernos de Grau y Prío Socarrás y tenaz defensora del orden constitucional y la justicia social, ya en sus cincuenta años, afrontó problemas durante la dictadura de Batista.

Mujer activa todavía y a semejanza de nuestro José Martí, quien prefería entre todos los oficios el de la imprenta, se vinculó durante los primeros años de la Revolución castrista al movimiento periodístico-cultural. Pero Mariblanca no se destacó tanto en la prensa nacional como otras de su generación.

En una ocasión me dijo que estaba terminando un libro de poesía,  que no ha sido publicado.

Frecuentaba la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba UNEAC- y sólo a sus íntimas amigas sus versos.

Por último, como vivíamos a unas puertas de distancia y cerca ya de sus días finales, la recuerdo muy distante, de lento y pesado caminar, con algo de tristeza, ella que fue una mujer dinámica, entusiasta, de temperamento fuerte, siempre dispuesta a las largas y febriles conversaciones.

En 2003, veinte años después de su muerte, se publicó un libro suyo en la Editorial Oriente, de Santiago de Cuba, ciudad natal de Mariblanca. Se trata de algunos de sus artículos y crónicas periodísticas, escritas de forma amena, de estilo directo y claro, publicadas antes de 1958.

Una de esas crónicas, inspiradas en el bajo salario de los trabajadores cubanos, nos llama la atención.

Se titula Salarios mínimos y jornadas máximas. Destaca la periodista que ¨los jornales misérrimos conspiran contra el auge del comercio, de la industria y del progreso en general¨. A través de sus criterios, puede interpretarse que un  gobierno que no paga al trabajador lo necesario para vivir decentemente, no se puede llamar gobierno.

Una trabajadora, señala Sabas Aloma, ganaba por los años cuarenta y principios del cincuenta, un peso veinte centavos diarios, mucho menos que el hombre.

Me pregunto, qué escribiría hoy, ella que dedicó su vida a defender los derechos del ciudadano cubano, sobre todo los de la mujer, en un país que cuenta con los salarios más bajos del mundo -mucho menos de 50 centavos de dólar diario por trabajador-, con cárceles para niñas que se prostituyen y jóvenes desesperados que huyen del país en embarcaciones rudimentarias.

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