Publicado: Mar, 1 Dic, 2015

El vendedor de periódicos que fui

La mediatización del embargo La Habana. Recientemente se cumplió un Aniversario más de la salida en circulación del periódico “Granma” y he recordado la fría mañana en que mi padre me despertó muy temprano, me entregó un peso, y me dijo que no regresara a su casa hasta las 7 de la noche.

Salí a la calle Corrales, en el marginal reparto de Jesús María, y una fría llovizna caía del cielo totalmente nublado.

Fui caminando hasta el parque de “La Fraternidad”. Creo que mi edad era la de 13 años. Y mi padre me había dicho que yo era insoportable.

Pero también recuerdo que en el fondo de mi alma me alegré pues prefería estar en la calle, libre, antes que permanecer encerrado en aquella casona de la calle Ángeles #224 e/Corrales y Gloria.

Y caminando por los portales llegué hasta una concurrida cafetería y consumí una taza de chocolate caliente y pan de barra con mantequilla.

Así que del peso habría gastado 30 o 40 centavos y por primera vez en mi vida, al sentirme tan solo, me preocupé de mi presupuesto personal.

Entonces me dirigí, sin saber qué haría, hasta la puerta trasera, por la calle de Zulueta, del periódico “Revolución”.

Allí me encontré con un señor de color nombrado Raúl y su hermano Jacinto, que me conocían de cuando me reunía con otros muchachos más alrededor del cajón de limpiabotas de Víctor Rodríguez en el cine “Actualidades”, y a uno de los vendedores se le desparramó un paquete de periódicos en el piso, algunos de los cuales fueron a parar a la acera y se mojaron, y yo recogí los que estaban mojados. Raúl me preguntó qué haría con esos periódicos, y yo le respondí que esperaría a que se secaran para venderlos (valían 5 o 10 centavos), y Raúl y su hermano Jacinto del lote que les tocaba me regalaron unos pocos más, y temblando de miedo y pudor me adentré en La Habana Vieja. En la acera de la Calle Amargura y Habana, a un costado de la Iglesia “San Francisco de Asís” (y era domingo) comencé a vociferar ¡Revolución! ¡Revolución! y antes de las 9 de la mañana ya había vendido todos los periódicos.

Así que en plena Revolución de los hermanos Castro yo, con sólo 13 años, me había convertido en un hombre independiente y había creado mi perfil personal, hecho que me dictó el Sentido Común, y que determinaría mi personalidad independiente.

Esa fue la primera y última vez que vendí periódicos en la calle, como hacían los niños antes del año 1959. Y por todas esas vueltas que da la vida, ahora no los vendó, sino que los escribo. Y es un tipo de periodismo muy diferente al estilo con que “Granma” hace su periodismo sin libertad de pensamiento.

cartasaleandro@correodecuba.cu

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