Publicado: Mar, 5 Abr, 2016

Detalles de una visita histórica

Foto tomada de Internet (BBC Mundo) Miami. Cuba recibió a Barack Obama con lluvia. Lluvia pertinaz como augurio de limpieza y renovación. La llegada de la aeronave presidencial fue seguida en directo desde diversas partes del mundo. La ausencia de Raúl Castro en el recibimiento o la falta de una ceremonia proporcional a la persona del visitante y el momento en que se significaba, suscitaron las primeras críticas. Hasta Donald Trump se apresuró a utilizar estos aspectos en su campaña. Un asunto protocolar que fue aclarado desde la Casa Blanca y que se volvió a repetir en Buenos Aires, donde Obama fue recibido por la Canciller argentina sin mayores comentarios.

La presencia del pueblo cubano para la bienvenida quedó simbolizada en una pequeña sección compuesta por personas escogidas de los CDR. Si realmente fue así los para los privilegiados la lluvia, más que un valor simbólico, debió ser una molesta eventualidad que tuvieron que afrontar sin paraguas y posiblemente sin motivaciones.

No pocos esperaron una recepción masiva como las organizadas para los Papas o Gorbachov. Pero a diferencia de Obama, los Pontífices que han visitado Cuba han contado con el recibimiento organizado por las comunidades católicas cubanas que han llenado las calles con sus fieles y vecinos, movidos por sentimientos sinceros de cercanía. En el caso del líder soviético el recibimiento masivo se bloqueo mediante la congregación única de militantes del PCC y la UJC de todos los centros laborales habaneros. De esa manera se puso barrera a cualquier expresión espontanea a favor a cambios y renovaciones.

Era poco probable una experiencia masiva para Obama. Pero este y su equipo se encargaron de hacer rápido contacto con el pueblo llano. La estratégica irrupción del presidente en un popular programa de la televisión nacional para bromear con el actor principal y expresar en puro cubano el clásico saludo callejero, contribuyó a abrir unas puertas que siempre han estado entreabiertas. El puntillazo de su presencia real en el programa y la frase del personaje sobre un destrabe alusivo al juego de dominó con evidentes segundas intenciones.

La cercanía natural de los dos países y sus pueblos se hizo personal y concreta no solo con el gesto televisivo. Se convirtió en viral el video de Obama saludando a los que acudieron a los alrededores de la Catedral con la esperanza de verle. O hacia los balcones vecinos del paladar donde fue a comer con su familia en un barrio habanero, fuera del área elitista capitalina. También en los que corrieron de manera desenvuelta para aplaudir el paso de la caravana en la que iba Obama tras su discurso en el Teatro Nacional o la aclamación con la que miles de concurrentes recibieron al visitante durante su entrada al Latinoamericano.

Detalles aislados no pudieron opacar el brillo histórico de estos días en Cuba. El recibimiento previo a Nicolás Maduro y la entrega de la orden José Martí más bien quedó como lo que parece era su principal objetivo: un acto para demostrar que el gobierno cubano se mantiene fiel a sus amigos y cercanos a pesar de este nuevo proceso de acercamiento a Estados Unidos.

Coincidiendo con la llegada del Presidente se producían los hechos de Miramar donde el grupo de las Damas de Blanco presidido por Berta Soler, acompañado desde hace algún tiempo por Antonio Rodiles y en esta ocasión con la suma de Gorki, toparon con una muchedumbre pro gubernamental que se enfrentó a los manifestantes que cada domingo ponen en práctica el lema Todos Marchamos.

Las mujeres reducidas por personal femenino de la policía fueron detenidas, introducidas en ómnibus y posteriormente conducidas a sus casas. Sus acompañantes masculinos corrían la misma suerte. Destacaron las imágenes con los gritos encendidos de Gorki llamando asesino a Castro. Demostraciones que en épocas anteriores terminaban en una celda y con condena de cuatro años por propaganda enemiga ahora, a pesar de ser reprimidas, dejan ahora una reflexión que favorece al sistema: Las cosas han ido cambiando. No como se espera pero al menos en una porción aceptable.

La mención de los presos políticos fue poco afortunada al dejar a Raúl Castro con la posibilidad de utilizar las viejas mañas de pedir el listado con los nombres bajo promesa que de existir este, y si se les entregaba al momento o al concluir el encuentro, daba libertad inmediata a los incluidos. Cosa que al parecer no se produjo en ninguno de los sentidos. Un resultado que habría sido diferente si el enfoque de la pregunta hubiera sido la condonación de las causas aún abiertas de los expedientes de los 75. Los que siguen en Cuba y los que viven fuera de ella.

En cuanto a la pregunta sobre el respeto a los derechos humanos en esta ocasión hay que reconocerle a Raúl Castro la sinceridad de su respuesta. Su hermano el Comandante hubiera sido contundente en la afirmación del respeto total e irrestricto por parte de su gobierno. Pero Castro el general no solo reconoció que estos no se cumplen a cabalidad en la isla, sino que dio el número de los puntos en deuda, apuntando como defensa que nadie cumple en su totalidad esos acuerdos.

En el caso cubano según lo dicho por Castro, de 61 puntos Cuba cumple 47. Lo cual merecería el señalamiento constructivo de que se ponga empeño en esa pequeña diferencia de 14 que pondría a la nación caribeña al frente incluso del propio Estados Unidos.

De estas jornadas destaca sobre todas las cosas el discurso de Obama que caló en millones de ciudadanos y que a pesar de las críticas a las que no escapó, como era de esperar, desde sectores oficialistas y algunos del exilio, rompió de una vez con muchos mitos dejando en claro que el problema de Cuba y su solución es cuestión de los cubanos.

Finalmente el saludo con el que Raúl Castro selló la entrevista quedó para la historia en paralelo a una foto muy similar tomada con su hermano Fidel. En ambas el mismo gesto de Raúl de levantar el brazo de su acompañante en señal de hermandad o victoria. Nunca se sabe. Tal vez por eso el Comandante decidiera titular su última reflexión Hermano Obama. Pero lo que ya resulta evidente es que Obama, que no llegó en barco de guerra (como bromeara el mandatario antes de su arribo) y habló con lenguaje cívico a todos los cubanos, fue recibido con afecto y esperanza por un pueblo que sin ironías le reconoce como el hermano presidente que dejó sembrada una semilla buena de reconciliación regada con lluvia premonitoria de nuevos tiempos.

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